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Libertad de las mujeres y igualdad de genero: una vanguardia veneciana en tiempos de la Serenísima

Venecia, 22 de octubre de 2021 – Ser una mujer, en Venecia, nunca ha sido un problema. La ciudad que este año celebra los 1600 años de su fundación en 421, siempre ha estado a la vanguardia bajo diferentes aspectos como la tecnología, el comercio y la manufactura, hasta la igualdad de género y la libertad de las mujeres. Estos dos elementos fueron esenciales en la historia y cultura veneciana desde la época de la Serenísima y transformaron Venecia en una de las primeras ciudades que defendieron los derechos fundamentales, asunto que hoy en día domina el debate público y por lo cual se siguen luchando en muchos países del mundo.

Empresarias, artistas, escritoras y poetisas, las venecianas de la República Serenísima podían escoger llegar a ser cualquier persona, con una libertad de expresión y de acción que hizo Venecia una de las ciudades más vanguardistas de la historia. De hecho, las mujeres de Venecia eran las únicas que, tanto en Europa como en el mundo, tenían los mismos derechos que los hombres y su misma importancia social. Hasta la caída de la Serenísima, las mujeres solían ser admiradas, escuchadas y respetadas, hasta que muchas de ellas llegaron a ser protagonistas de páginas muy importantes de historia, difundiendo la unicidad de Venecia en todo el mundo.

Comprar un horno o una casa, vender los productos de artesanía en una tienda, obtener un préstamo para iniciar un negocio y decidir para la vida de los hijos era, en aquella época, algo imposible para cualquier mujer fuera de las fronteras venecianas. Sin embargo, la Serenísima tenía una cultura y una ideología que favorecía la independencia y las libertades de las mujeres, asegurando y protegiendo sus derechos y castigando los que no los respetaban. De hecho, en el Archivo de Estado de Venecia muchos son los documentos que testimonian como la emancipación de las mujeres fue un valor nacido en la ciudad de Venecia siglos antes de la edad contemporánea. 

En la Venecia de las artes y de las artesanías, ya en la edad media, el espíritu empresarial no era solo un oficio de hombres. De hecho, Molfina fiolaria, con su horno fue una de las primeras mujeres que producían herramientas de vidrio, así como las viudas Uliana y Caterina que, en 1373, firmaron por primera vez un contrato para crear una sociedad y producir perfumes. La unión entre empresa y elaboración del vidrio tuvo a Marietta Barovier como mayor exponente. Fue Marietta Barovier la que inventó la perla rosetta, una joya que, en los siglos siguientes, se hizo famosa por ser uno de los artefactos más preciosos del mundo.

Entonces Venecia, en su territorio, vio nacer el primer núcleo de pensamiento feminista, capaz de allanar el camino a los futuros movimientos para la emancipación femenina. Fue Modesta Pozzo, en arte Moderata Fonte que, a partir de la segunda mitad de mil quinientos escribió, por primera vez, un elogio a la mujer, que se considera como uno de los primero manifesto feminista. Elogio que se materializó con la conquista de Elena Lucrezia Cornaro Piscopia, primera mujer al mundo a la que se le permitió graduarse.

También el arte veneciana, en particular la del Setecientos, vio la presencia de dos mujeres: Rosalba Carriera y Giulia Lama. Rosalba Carriera fue la primera mujer en el mundo a la que fueron abiertas las puertas de las cortes reales y de las academias de arte de la época, consiguiendo reconocimientos en toda Europa y llegando a pintar el retrato del rey Luis XV Rey de Francia. Más esquiva y menos acostumbrada a los salones reales era Giulia Lama, que desafió públicamente los grandes pintores de la época, exponiendo sus obras en muchas iglesias venecianas, como en la iglesia de San Vidal y en la iglesia de Santa Maria Formosa.

Siglo tras siglo, las venecianas empezaron a hacerse espacio entre los que una vez fueron considerados "oficios de hombres", aunque las mujeres eran «buenas para todo e iguales a los hombres» como decía la periodista, traductora, directora y tipógrafa, Elisabetta Caminer. Hija de un periodista y crecida entre papel, pluma y tintero, Elisabetta aprendió todo lo que pudo y, a los 17 empezò a trabajar en la «Europa Letteraria», luego convirtiéndose en la primera mujer directora de un periodico: el «Giornale Enciclopedico».

En el Setecientos en Venecia se respiraba aire de libertad y la libertad, desde siempre, es la hija de la cultura. Cultura que en Venecia se veía en los cafés abiertos por la noche, en los teatros y en los discursos que se hacían tanto en las calles y campielli como en los salones de la aristocracia. Cultura que, con el tiempo, permitió a la ciudad abrirse a las contaminaciones y a la renovación de sus valores asegurando, sobre todo a las mujeres, la posibilidad de participar y desempeñar un papel en la sociedad veneciana. De la nobleza a las clases sociales más bajas, las mujeres en Venecia no eran espectadoras sino actrices protagonistas, y con sus vidas, sus artes y sus oficios, transformaron Venecia en una de las ciudades más vanguardistas del tiempo.

 

 

 

La historia de la familia Giacomelli, una didinastía de fotógrafos inmortalando el apogeo de la Venecia del siglo XX

Venecia, 2 de noviembre 2021 – cajas, placas, y acetatos. Imágenes históricas de una Venecia qua ya no existe, de eventos y fiestas de la Serenissima, desde la muestra del Cinéma hasta los conciertos del Teatro la Fenice. Imágenes en banco y negro de inaugraciones y aperturas que hicieron la historia de una ciudad celebrando ahora sus 1.600 años. Porciones de vida cotidiana celosamente guardados dentro de un archivo fotográfico permitiéndonos ver de nuevo una Venecia de los años ‘20 hasta los años ‘90 de Novencientos, gracias a las fotos sacadas por la lente óptica del fotógrafo Pietro Giacomelli y, luego, convertidas en patrimonio artístico del Ayunamiento de Venecia gracias al Fondo fotográfico Giacomelli.

La historia de Venecia en este caso se conecta con la historia de la familia Giacomelli, una dinastía de fotógrafos que, con sus cámaras, han capturado el nacimiento de hechos importantes por la Venecia de hoy. Todo nace entre e siglo XIX y el XX gracias a Giacomo Giacomelli, irredentista triestino refugiándose en Venecia para huir de las autoridades policiales hasbúrgicas y que, tras un periodo de aprendisaje, detecta el estudio, en marcha ya, de Domenico Contarini en San Moisé.

Al morirse, su hijo Pietro, nacido en 1892, se pone a trabajar transformando el estudio en una empresa de fama internacional. Amigo de la familai real, por la que es también fotógrafo oficial, y además de los personajes destacados y más influyentes en el ámbito de la industria y de la cultura. Uno de estos es Giovanni Colpi el que logra garantizarse importantísimos servicios fotográficos en este periodo del veintenio fascista. En esta época, Venecia se quedó en medio de procesos de transformación urbanística y económica nunca vividos antes. Es así que consiguió documentar, por ejemplo, la construcción del nuevo Ponte degli Scalzi en el Canal Grande, la del nuevo Ponte Littorio entre Venecia y la tierra firme. También documentó el nacimiento y la formación de la nueva zona industrial de Porto Marghera y de su barrio urbano, las profundas transformaciones con dirección turístico-hotelera del Lido y, asimismo, las nuevas importantes manifestaciones culturales de la Biennale Cinema y Arte.

El estudio, además de estar localizado en el campo San Moisè, en que se desarrollaban, se imprimían, y se almacenaban las imágenes, estaba provisto también de una agencia fotográfica en colboración con el Ente Nazionale per il Turismo. Este estudio se dedicaba a enviar los grabados representantes las atracciones turísticas y las bellezas artísticas venecianas a todo el mundo.

En 1939, Pietro Giacomelli falleció repentinamente y su actividad, sin embargo, perduró a pesar de los duros años de la guerra y su hija Vera fué la que tomó sus riendas. En 1955 el laboratorio se traladó a la Frezzeria, cerca de Piazza San Marco, lugar en que permaneció hasta su cierre definitivo en 2001, despés de años de actividad por parte de Gianni Giacomelli, hermano de Vera, y de sus hijos.

Hoy en día lo que se queda en la memoria es un tesoro de recuerdos. Hay más de doscientosmil negativos en varios formatos guardados en el archivo de la Celestia del Ayuntamiento de Venecia provenienes del Fondo Fotografico Giacomelli, adquirido por el Ayuntamiento de Venecia en 1995, en el cual se recoge la mayoría del material realizado por la “Reale Fotografia Giacomelli”.

Al interior de la sede del Archivio della Celestia se desarrollan diariamente operaciones de  toma a cargo y tratamiento del material del fondo fotográfico que, a continuación, se han archivado y puestos a disposición a través del Álbum de Venecia. A menudo sucede de tropezarse en sorpresas históricas inesperadas, como cuándo sube de la emulsión una placa con óptima resolución repersentando la vista de un paisaje capaz de llevarnos a la codidianidad de la Venecia de un tiempo tan lejano.

Como ocurrió cuando, dentro de una vieja caja de placas dedicada a los artefactos de arte del anticuario veneciano Minerbi, volvió a aflorar el negativo de un ángulo de Venecia muy familiar, el trecho de Strada Nova en que hoy está la entrada del European Cultural Centre: la foto de Giacomelli de 1928 representa con nitidez la puerta principal de Palazzo Mora, vieja sede del anticuario Minerbi y, sobre todo, la pared a su izquierda, desde hace muchos años derribado, que presentaba a los venecianos un amplio escaparate de información sobre la programación de los teatro y de los cines urbanos. De esa manera, a través de la emulsión intacta de una vieja placa, la gente puede sumergirse dentro de un horizonte remoto y abigarrado de producciones y de artistas, como un viandante de tránsito cruzándose con la grandeza de la cultura y del espectáculo de los años Veinte.

 

 

 

 

 

 

Novara celebra los 1600 años de Venecia con la exposición “Il mito di Venezia. Da Hayez alla Biennale”

Venecia, 29 de octubre de 2021 – Ochenta obras de arte expuestas en ocho salas del Castello Visconteo de Novara cuentan el mito de Venecia y hacen que el visitante se rodee de la atmósfera mágica que solo hay en Venecia. Un recorrido expositivo que presenta las obras de algunos de los maestros más importantes que trabajaron en la ciudad en los primeros años de mil ochocientos afectando, con sus enseñanzas y sus obras de arte, el desarrollo de la pintura veneciana en la segunda mitad del siglo. A partir del 30 de octubre de 2021 hasta el 13 de marzo de 2022, Mets Percorsi d’arte, la Fondazione Castello y el Ayuntamiento de Novara celebrarán los 1600 años de Venecia a través de la exposición “Il mito di Venezia. Da Hayez alla Biennale”( El mito de Venecia. De Hayez a la Biennale), una selección de obras maestras – muchas provienen de colecciones privadas y por eso inéditas al público – de artistas italianos entre los más populares en la segunda mitad de mil ochocientos. Una ocasión para recorrer las fases mas importantes del arte en Venecia, desde el Romanticismo hasta el nacimiento, en 1893, de la Biennale de arte que, desde aquel momento, sigue proyectando la ciudad hacia un escenario internacional con una constante comparación entre los artistas italianos y los extranjeros.

En la exposición hay cinco importantes obras de Francesco Hayez (1791-1882) – entre estas la “Venere che scherza con due colombe”, “Ritratto di Gentildonna” y “Prete Orlando da Parma inviato di Arrigo IV di Germania e difeso da Gregorio VII contro il giusto sdegno del sinodo romano” – además de los autores, de Venecia y de otras ciudades, que más que otros contribuyeron a la transformación del género de la vista en el del paisaje: como Ippolito Caffi (1809-1866) con dos magníficas vistas de Venecia (“Festa notturna a San Pietro di Castello” e “Venezia Palazzo Ducale”) y también Giuseppe Canella (1788-1847), Federico Moja (1802-1885) e Domenico Bresolin (1813-1899), este último entre los primeros que se interesaron también a la fotografía y que ya en 1854 fue definido como uno de los socios de la Academia, o sea el “pintor de paisajes y fotógrafo”.

Titular de la cátedra de paisaje desde 1864, Bresolin fue el primero a llevar los jóvenes alumnos a pintar al aire libre, tanto en la laguna como en la tierra firme, así que pudiesen estudiar los efectos de la luz y hablar juntos de la manera en la que se representaba la realidad en un entorno nuevo, diferente del que conocían y que ya había sido pintado por otros en el pasado.

Además, como en una pequeña exposición monográfica, habrá doce obras de uno de los más importantes y amados paisajistas véneto: Guglielo Ciardi. Lienzos que – a partir de los años sesenta de mil ochocientos – prueban la evolución de su pintura hasta los primeros años noventa. Una sala se dedicará enteramente a Luigi Nono y permitirá centrarse en una de las obras más conocidas del pintor, o sea el “Refugium peccatorum”, además de sus estudios y otras obras muy importantes, como “Le due madri”.

No faltarán los lienzos que reflejan la renovación en la pintura veneciana, que se enfrenta directamente a la cultura figurativa de los muchos pintores extranjeros que participaban en las Biennali Internazionali de Arte. De hecho, también hay escenas de la vida cotidiana, los afectos y la familia, dedicada a la “pintura de la verdad”.

 

 

 

 

Los campeones de remo compiten con motivo del Redentor. La historia de las regatas relacionadas con la fiesta mundialmente famosa

Venecia, 17 de julio de 2021- Vuelve de nuevo este año, con motivo de la Festa del Redentore, la tradicional regata Veneciana, que enfrenta a 18 corredores venecianos que compiten por el título de ganador de la carrera relacionada con la fiesta más sentida por el pueblo.

Tres emocionantes desafíos, donde nueve tripulaciones competirán en las góndolas con dos remos y en los “pupparini”, también con dos remos, cada uno de un color diferente, del púrpura, al azul, marrón, blanco, rosa, rojo, verde y naranja, segun una tradicion que se remonta a 1843, nacida para permitir al público seguir más fácilmente la carrera, desde las orillas. Nueve colores para distinguir entre los nueve rivales que competirán el domingo, 18 de julio, a partir de las 4PM, de la Iglesia del Redentor, cruzando el Canal de la Giudecca, hasta San Giorgio, y luego volviendo otra vez cerca de la Iglesia del Redentor, donde se anunciará el ganador.

En la regata del Redentor 2021, competirán los jóvenes en los “pupparini” con dos remos, hombres en “pupparini” con dos remos, y hombres en góndolas con dos remos. Una competición que la ciudad de Venecia renueva constantemente, durante más de cien años, y que solo ha habido un periodo de parada en los años desde 1925 hasta 1957, cerca de la Segunda Guerra Mundial, y después de la postguerra.

La competición tiene lugar cada tercer domingo de julio, durante la celebración del Redentor, y se trata de un paso importante por la temporada remera anual, así como un evento deportivo profundamente sentido por los ciudadanos y vivido con pasión por los protagonistas, los venecianos, y los aficionados por la “voga veneta”, así como los turistas.

Los campeones de la regata del Redentor, desde 1920 hasta hoy

La del Redentor es una regata que se celebra concomitantemente con una recurrencia que atrae a turistas de todo el mundo, cuyas celebraciones también se enriquecen con una competición deportiva que elige, cada año, a sus ganadores.

La primera edición de la regata del Redentor se remonta a 1920, y la ganaron, en la categoría “góndolas” las tripulaciones compuesta por Giovanni Vianello, I-Cucchiero Crea y Arturo Scuciaro, ganadores de tres ediciones consecutivas de la competición, quien más tarde serán sustituidos por un par que dominara el podio de esta competición durante 12 ediciones, 9 de las cuales fueron consecutivas, de 2002 a 2011, y dos más en 2014 y 2015: Ivo Tezzat Redolfi y Giampaolo D’Este. Entre los otros campeones que han hecho la historia de esta disciplina, los venecianos también recuerdan Giuseppe Bepi Fontegher y Sergio Ciaci Tagliapietra, ganadores y compañeros a través de 8 ediciones, de 1965 a 1977 y, este último, campeón de la categoría ya desde 1961 junto con Albino Stringheta De Rossi.

En las dos últimas ediciones, la Regata del Redentor, en la competición de góndola con dos remos, fue ganada por Andrea Bertoldini y Mattia Colombi, campeones defensores. En las competiciones de pupparini con dos remos, Simone Costantini y Federico Busetto ganaron el año pasado, mientras que para los jóvenes Luca Rigo y Giorgio Sabadin ganaron el título de campeones de la regata del Redentor 2020.

Libros, autores y debates literarios vuelven a animar Venecia y a celebrar su 1.600 años de historia

Venecia, 28 octubre 2021 – Veintiseis escritores dedsde catorce países diferentes, páginas de libros  hojeadas, autores comparándose, e intercambios de miradas y de palabras. Así es Incroci di Civiltà (Cruces de Civilizaciones), el Festival internacional de la literatura desarrollándose a partir del 3 hasta el 6 de noviembre en Venecia. El proyecto es ideado y organizado por la universidad Ca’ Foscari Venecia, que este año tiene lugar durante las celebraciones de los 1.600 años de la funcación de la ciudad.

“Incroci di Civiltà” vuelve después de un año de lejanía obligada del público y del contacto con la gente, con una edición “en presencia”, permitiendo de nuevo al público veneciano y a los estudiantes escuchar la voz de los autores, de verlos en vivo, y poder hablar con ellos durante el firma de libros. Esta es una vuelta marcando un nuevo comienzo para la organiación, llegada a su decimocuarta edición, a pesar de su naturaleza temporal y del esado de atención general impuesto por la pandemia.

Durante cuatro días, entonces, Venecia se convierte en un cruce de historias, opiniones, y culturas de todo el mundo: Alemania, Italia, India, Olanda, Francia, Estados Unidos, Serbia, Turquía, Cina, Afghanistan, República de Congo, Argentina, Haiti.

Entre los autores presentes, van a estar el escritor y académico congolés Wilfrid N'Sondé, los holandeses Jan Brokken e H.M. van den Brink, la canadesa de origen istria Caterina Edwards, la escritora y guionista china Geling Yan. Además del lugar dedicado a las páginas de los libros del argentino Rodrigo Fresan, de la estadounidense Heddi Goodrich, de Tiziano Scarpa, y de Vinicio Capossela, protagonista del gran final en el Auditorium Santa Margherita.

El primer encuentro se dedica a Nicole Krauss, escritora neoyorquina y trotamundos, inaugurando el Festival en la Scuola Grande di San Rocco el 3 de noviembre a las 18. A partir del 4 de noviembre, la manifestación llega al corazón con un calendario lleno de citas al interior de lugares exclusivos de la ciudad de Venecia.

Como de costumbre, también en esta edición los autores más conocidos y los escritores emergentes se juntan en un subseguirse de presentaciones, debates, y reflexiones donde la protagonista va a ser la literatura en todas las lenguas del mundo.

La edición de 2021 (realizada en colaboración con la Fundación de Venecia, Ayuntamiento de Venecia con la colaboración de Francesca Bortolotto Possati, Eni, Fondazione Musei Civici e Marsilio) coloca un ulterior encuentro importante: domingo, 7 de noviembre a las 11.30 en la Fondazione Giorgio Cini, Auditorium Lo Squero, se va a celebrar el Carnevale de Maurizio Scaparro (a cargo de Maria Ida Biggi y Piermario Vescovo, con la participación de Roberto Bianchin).

Todos los encuentros de Incroci tienen entrada libre con reserva previa obligatoria en la red en el sitio www.incrocidicivilta.org la que estará disponible a partir del 21 octubre. Para participar es necesario presentar la certificación verde Covid-19 (Green Pass) válida.

El calendario completo del Festival está disponible en el sitio Incroci di civiltà

 

 

50 manifiestos sobre los muros de Venecia para contar su ciudad y su 1.600 años de historia

Visitar Venecia mirándola en fotos en blanco y negro cuándo esté envuelta en la niebla, o bien capturada por una clic en gran altitud. O bien, por qué no, vista a través de las balaustradas de la isla de San Giorgio o por una foto-postal de uno de los puentes más fotografiados del mundo, el puede de Rialto.

Momentos históricos cuentándonos Venecia están presentados en una muestra insólita, expuesta sobre los muros de la ciudad: 50 manifiestos con un Código QR permitiéndo transformar el espectador de tránsito en un fotógrafo al mismo tiempo.

La muestra está al aire libre y se llama “Promover la belleza. Venecia 1.600” y recorre la histora de la promoción internacional de la Serenissima por parte de Enit – Aagencia Nacional del Turismo.

El Código QR captable en los manifiestos remite a la sección dedicada a la muestra de la web-app tuaitalia.it, donde cada visitante puede visualizar algunos de los manifiestos y evaluar su propio conocimiento personal sobre todo lo que Venecia y el territorio circunstante representan en el ideal turístico.

“Promover la belleza. Venezia 1.600” nace de la colabración entre el Ente y tres instituciones del territorio – el ayuntamiento de Venecia, la Universidad Ca’ Foscari y el pabellón Venecia – con motivo de las celebraciones del aniversario de los 1.600 años de la fundación de la ciudad.

“La exposición al aire libre de Venecia forma parte del Proyecto empezado en 2019 para valorizar el centenario e inmenso patrimonio cultural ENIT constituido por documentos de archivo, obras de arte y propiamente dichas, entre ellas grabados, litografías de autor, y reliquias históricas testificando la evolución de los usos y costrumbres de la sociedad italiana” - explica el Presidente Enit Giorgio Palmucci.

El itinerario expositivo se divide en tres secciones: Arte y arquitectura, Escenas de género, Festividades y festivales, Islas y artesanía, Cortina, Territorio, y Ville Palladiane.

Los manifiestos históricos están enmarcados con un fondo rojo veneciano para celebrar esta artística ciudad que está acogiendo la muestra, celebrando de esa manera también, el nacimiento de la Serenissima. Las imágenes expuestas han sido seleccionadas por el Archivo histórico digital de Enit, refiriéndose a las fotos en blanco y negro y a los manifiestos desde los años ‘30 hasta los años ‘60, y a las cubiertas publicadas en las revistas históricas de la Agencia desde los años ‘20 hasta los años ‘60.

Además de la muestra al aire libre, el recorrido va desplazándose al papel: de hecho, se está realizando un catálogo en el que se recogen las imágenes de la exposición al aire libre en adjunto con una amplia sección, constituyendo un auténtico viaje dentro de la Venecia histórica.

 

La historia de los “bussolai” de Burano, desde una tradición de familia hasta patrimonio colectivo

Venecia, 20 de octubre 2021 – Despertador puesto al amanecer, granitos de harina en el aire, el perfume de mantequilla derretida, el calor de los hornos encendidos a la temperatura adecuada para crear una superficie crujiente y un interior suave, gracias a los movimientos de un experto que conoce perfectamente su profesión, a partir de un amasijo sin forma, hasta obtener la perfecta galleta a forma de ese.

Al entrar en la histórica pastelería de Carmelina Palmisano en Burano significa adentrarse en un mundo hecho de tradiciones muy antiguas, de pasión y, sobre todo, de vínculos familiares. Bien lo sabe Giorgio Senigallia, marido de Carmelina, propietario de la actividad, y pastelero desde la edad de diez años. Exactamente en este lugar, un chiquito al aprender una nueva profesión, se ha convertido en hombre, pastelero, marido, y experto de bussolai.

«Un tiempo era así, cuando terminabas la escuela ibas a trabajar para aprender la profesión – cuenta el pasteler Giorgio Sanigallia – Me ha enseñado todo Tommaso Palmisano, el que luego llegaría ser mi suegro. Lo primero, aprendí a ser panadero, luego pastelero y, hoy, a los ochenta y dos años, todavía me quedo aquí»

Hoy en día, la tradición de estas galletas de masa quebrada, tiene raíces en la historia de Venecia larga nada menos que 1600 años, y que también se ha extendido fuera del territorio de Burano alcanzando varios Países del mundo. Todo, sin embargo, empezó desde hace más de noventa años gracias a dos hermanos que amaban el perfume a pan y a galletas, amasar, y mirar a los ojos las personas encantarse al probar una creación suya.

Durante los primeros veinte años de ‘900, una familia originaria de la Basilicata se tralsladó antes a Caorle y luego a Burano. Diversidades culturales, costumbres diferentes, a partir del Sur de Italia hasta una ciudad formada por casas variopintas, rodeada de agua, y cruzada por pequeños canales. Las novedades a las que acostumbrarse eran muchas, pero el amor hacia el pan y los buenos dulces es algo universalmente capaz de conectar a las personas a través del aroma de vainilla o de la fragancia de una hogaza recién horneada. Fue así que dos hermanos con su ser meridional en la sangre y crecidos entre los pescadores de una isleta de la laguna veneciana, en 1926, decidieron fundar dos panaderías que, más tarde, llegaron a ser los talleres históricos de pastelería todavía existentes en la ciudad y promotores de la difusión de una tradición confitera, la de los bussolai, unos de los símbolos venecianos en el mundo.

Un tiempo eran los dulces típicos solamente de un periodo del año. Hoy, en cambio, las galletas se realizan día a día y están disponibles en los estantes de casi todas las tiendas venecianas y regionales. Los bussolai, que sean redondos o en forma de ese, que sean simples o rellenos, como actualmente se usa, gustan a todos y llevan el sabor de Venecia en cualquier lugar del mundo en que se proben.

«La grande industria de los bussolai, tal y como se conoce hoy, nace después de la guerra, con la llegada del turismo – subraya Giorgio Senigallia – sin embargo, estos eran dulces que todas las familias de Burano preparaban una vez al año, durante los días antecedentes a las Pascuas, leugo, al tenerlos preparadas, estas galletas se llevaban a uno de las cuatro panaderías de la ciudad para cocerlas en los hornos que no se solía tener en casa y, finalmente, se guardaban hasta el domingo de Pascua»

Según la tradición, el bussolà tiene que ser redondo, solo seguidamente se introdujo la versión a ese, la más conocida hoy en día. Pueden tener dimensiones más grandes o más pequeñas, aunque todavía  la receta original de estas galletas es la misma de aquellos años. La base es simple, se empieza con una una masa quebrada muy grasa, con mucha mantequilla, hiemas de huevo, azúcar, harina, y un poco de aroma de vainilla.

En un kilo de harina hay 12 hiemas, 600 gramos de azúcar, 300 gramos de mantequilla. El compuesto se amasa sin agua y sin nada, en seco. Después, al tenerla bien amalgamada, enrollar pequeñas partes de la masa y, luego, unirlas para formar un círculo, en el caso en que se quiera hacer el bussolà redondo, o bien, deformarla hasta obtener la forma de ese según la otra variante de galleta.

«La producción de este dulce, hoy, se realiza tanto a máquina como a mano – comenta Giorgio Senigallia – Aquí en Burano seguimos haciendo todo a mano tal y como se hacía un tiempo y realizamos los bussolai con formas más grandes. Para satisfacer las exigencias de la gran distribución, sin embargo, necesitamos las máquinas, y es por esta razón que hemos creado un taller en Jesolo que se ocupa de esto y, allí, está mi hija llevando adelante el trabajo»

Empezando por ser una galleta de familias de pescadores, el bussolà se ha vuelto un dulce al alcance de todos, a partir de una tradición típicamente pascual, esta galleta de vainilla ha llegado a ser parte de un hábito codidiano manteniendo el mismo aroma de siempre y la misma fragante consistencia capaz de dejar en la boca el sabor de Burano y de su historia.

 

 

En la Isla de San Michele un árbol de haya monumental cuida a los muertos enterrados en el cementerio hace 167 años

Venecia, 27 de octubre de 2021- Se lo conoce como “Il pianto di faggio” (el llanto de la haya), porque su densa vegetación, con las puntas de las ramas que a menudo tocan el suelo, hacen que parezca un sauce llorón. Durante casi doscientos años, la haya secular cuida a los muertos de San Michele. En la isla, donde se encuentra el cementerio monumental de Venecia, pocos saben que en suelo salino de la cerca n°XVIII, un “Fagus sylvatica pendula” hunde sus raíces que, según los cálculos, fueron plantadas hace 167 años. Mide más de doce metros de altura, su follaje tiene un diámetro de diez metros, y tiene raíces largas de más de tres metros. Es llamado “árbol monumental” por su longevidad y majestuosidad, que tiene un valor particular en términos históricos y culturales y, como tal, se monitorea constantemente por parte de la municipalidad de Venecia. Cada seis meses se hacen controles para verificar su estado vegetativo y las posibles mutaciones de sus características, informaciónes que luego se transmiten al Ministerio de Agricultura, que inspecciona y protege las plantas más antiguas del territorio italiano.

La Haya encontró en el cementerio de Venecia las condiciones ambientales ideales y, poco a poco, creció hasta convertirse en parte integral de la isla, enriqueciendo el espacio con elegancia, y naturalidad, como a querer vigilar el sueño de los muchos venecianos, y extranjeros, enterrados en las aguas de la laguna.

Plantada a mediados de 1800, la haya secular vio el nacimiento del cementerio, convirtiéndose en una espectadora silenciosa de todas las transformaciones que han seguido a lo largo del tiempo.

San Michele, lugar de muerte y vida, recoge y conserva las historias de los más de 200 mil muertos que descansan aquí. Almas venecianas, y almas extranjeras, enamoradas de la ciudad que este año celebra los 1600 años desde su fundación, que han elegido la paz de la isla como descanso eterno. Almas de diferentes religiones, protestantes y ortodoxos, que conviven juntas como testigos de la apertura al mundo de Venecia.

Construido por primera vez en la isla de San Cristoforo della pace- después que Napoleon, con su decreto de 1804, tomó la decisión de trasladar las tumbas fuera del centro de la ciudad, por razones de higiene- ya dentro de un tiempo, en 1813, su espacio disponible resultó insuficiente, y la cercana isla de San Michele fue enterrada para permitir la expansión del cementerio, completado en 1876.

Como conexión entre las dos islas, el antiguo y el nuevo cementerio, se encuentra el famoso semicírculo de capillas que se juntan una tras otra.

Gracias a su peculiaridad San Michele, que recoge los restos de personajes famosos, es meta de los peregrinos en los días de los santos y los muertos, sino que es también un museo al aire libre que se visita con mucho interés durante todo el año.

Alguien trae piedras y conchas sobre la tumba de Igor Stravinky y su esposa Vera, alguien más deja una zapatilla al empresario ruso Sergei Diaghilev, o un saludo al poeta ruso Iosif Aleksandrovic Brodski. Pero San Michele abraza a todos sin excepción: atletas, como Helenio Herrera, actores como Lauretta Masiero y Cesco Baseggio, compositores como Luigi Nono, pintores como Emilio Vedova, Teodoro Wolf Ferrari y Virgilio Guidi, matemáticos y físicos como Christian Andreas Doppler. Más de cien nombres bien conocidos, a los que se añaden religiosos, aviadores, soldados, muertos en la guerra, historias de mujeres a las que los maridos dedican frases conmovedoras, y todos los niños desgarrados del amor de los padres, caras comunes cuya vida está enterrada junto a sus restos. Y luego están las historias que San Michele sigue transmitiendo, como la de la rusa de veintidós años, Sonia Kaliensky, que en Venecia se quitó la vida por amor, como consecuencia de un matrimonio concertado. La figura de la joven, de cuerpo entero en bronce, está acostada, así como se encontró en el momento de la muerte, con los ojos cerrados, en camisón y con el brazo colgante. Cien años más tarde, su mano es brillante por todas las caricias de los visitantes, profundamente conmovidos por una joven vita rota, que ahora descansa junta con cien mil otras vidas acabadas. 

 

Venecia- Salónica, tras las huellas de los “humanos” para reconstruir la importancia del dominio de la Serenísima República de Venecia

Venecia, 21 de octubre de 2021- Era el 14 de septiembre de 1423, el dia de la Santa Cruz, cuando los primeros barcos venecianos desembarcaron en Salónica. Ya que Bizancio era incapaz de defenderse, los tesalonicenses aceptaron voluntariamente la autoridad de la Serenísima, puesto que la amenaza otomana ya era más que visible. Sin embargo, las armas venecianas fueron insuficientes delante del sultán Murad II, quien, después de un épico asedio de tres días, ocupó la ciudad el 29 de marzo de 1430.

La presencia de lo venecianos se prolongó durante sólo siete años, pero, su impacto en el corazón de la Grecia septentrional, que es decir Salónica, fue significativo porque, incluso después de la conquista otomana, los contactos entre las dos ciudades fueron continuos e intensos, en términos económicos, educativos y sociales. Estos contactos constituyen el centro de la exposición “Salónica- Venecia. Huellas de personas, caminos de la historia” (Salonicco- Venezia. Tracce di persone, strade della storia), organizada por la municipalidad de Tesalónica y el “Instituto Ellenico di Studi Bizantini e Postbizantini” de Venecia, con motivo del 1600 aniversario del nacimiento de Venecia. Los individuos que viajaban entre las dos ciudades, durante cuatro siglos, trajeron consigo su patrimonio cultural, colaboraron, crearon familias mezcladas, y se expandieron hacia la costa adriática opuesta. Siguiendo las huellas de estas personas se traza el camino de la historia compartida entre Salónica y Venecia, se conocen la riqueza, la profundidad y los lazos que se han desarrollado entre las dos ciudades.

La documentación histórica se basa principalmente en material inédito del archivo del “Instituto Ellenico di Studi Bizantini e Postbizantini di Venezia” y del “Archivio di Stato di Venezia”. En la exhibición hay documentos que van a poner en evidencia la presencia de los tesalonicenses en Venecia (registros de nacimientos, matrimonio y muerte), pero también su participación en la comunidad griega. La exposición también presenta un gran número de documentos que atestiguan la intensa actividad comercial entre Salónica y Venecia, del siglo XVI al XIX. Salónica, una vez bajo la soberanía de Venecia, y después su siguiente desarrollo, se convirtió de hecho en uno de los principales interlocutores comerciales de la Serenissima. Muchos tesalonicenses, griegos y judios, se establecieron en Venecia para ampliar su actividades comerciales desarrollando una importante comunidad griega, que dejó testimonio y tesoros en la ciudad del Doge. A partir de los contactos comerciales, se presentan documentos relacionados a los órdenes de mercancías, a la distribución de materiales, rutas de navegación y, en general, la actividad de los tesalonicenses durante su viajes de Oeste a Este, y viceversa. En el centro de la exposición también hay el “Collegio Francini”, poderoso polo de atracción para los jóvenes tesalonicenses que estudiaron en Venecia. El material expuesto da testimonio de la presencia educativa e intelectual de la comunidad greco-ortodoxa en Venecia, a través de documentos procedentes de los archivos estudiantiles, como por ejemplo certificados de enfermedad y vacunas.

La exposición, que tiene lugar en el centro histórico de Salónica, estará abierta hasta el 31 de diciembre y luego se detendrá en Venecia.

La historia de los “bussolai” de Burano, desde una tradición de familia hasta patrimonio colectivo

Venecia, 20 de octubre 2021 – Despertador puesto al amanecer, granitos de harina en el aire, el perfume de mantequilla derretida, el calor de los hornos encendidos a la temperatura adecuada para crear una superficie crujiente y un interior suave, gracias a los movimientos de un experto que conoce perfectamente su profesión, a partir de un amasijo sin forma, hasta obtener la perfecta galleta a forma de ese.

Al entrar en la histórica pastelería de Carmelina Palmisano en Burano significa adentrarse en un mundo hecho de tradiciones muy antiguas, de pasión y, sobre todo, de vínculos familiares. Bien lo sabe Giorgio Senigallia, marido de Carmelina, propietario de la actividad, y pastelero desde la edad de diez años. Exactamente en este lugar, un chiquito al aprender una nueva profesión, se ha convertido en hombre, pastelero, marido, y experto de bussolai.

«Un tiempo era así, cuando terminabas la escuela ibas a trabajar para aprender la profesión – cuenta el pasteler Giorgio Sanigallia – Me ha enseñado todo Tommaso Palmisano, el que luego llegaría ser mi suegro. Lo primero, aprendí a ser panadero, luego pastelero y, hoy, a los ochenta y dos años, todavía me quedo aquí»

Hoy en día, la tradición de estas galletas de masa quebrada, tiene raíces en la historia de Venecia larga nada menos que 1600 años, y que también se ha extendido fuera del territorio de Burano alcanzando varios Países del mundo. Todo, sin embargo, empezó desde hace más de noventa años gracias a dos hermanos que amaban el perfume a pan y a galletas, amasar, y mirar a los ojos las personas encantarse al probar una creación suya.

Durante los primeros veinte años de ‘900, una familia originaria de la Basilicata se tralsladó antes a Caorle y luego a Burano. Diversidades culturales, costumbres diferentes, a partir del Sur de Italia hasta una ciudad formada por casas variopintas, rodeada de agua, y cruzada por pequeños canales. Las novedades a las que acostumbrarse eran muchas, pero el amor hacia el pan y los buenos dulces es algo universalmente capaz de conectar a las personas a través del aroma de vainilla o de la fragancia de una hogaza recién horneada. Fue así que dos hermanos con su ser meridional en la sangre y crecidos entre los pescadores de una isleta de la laguna veneciana, en 1926, decidieron fundar dos panaderías que, más tarde, llegaron a ser los talleres históricos de pastelería todavía existentes en la ciudad y promotores de la difusión de una tradición confitera, la de los bussolai, unos de los símbolos venecianos en el mundo.

Un tiempo eran los dulces típicos solamente de un periodo del año. Hoy, en cambio, las galletas se realizan día a día y están disponibles en los estantes de casi todas las tiendas venecianas y regionales. Los bussolai, que sean redondos o en forma de ese, que sean simples o rellenos, como actualmente se usa, gustan a todos y llevan el sabor de Venecia en cualquier lugar del mundo en que se proben.

 

«La grande industria de los bussolai, tal y como se conoce hoy, nace después de la guerra, con la llegada del turismo – subraya Giorgio Senigallia – sin embargo, estos eran dulces que todas las familias de Burano preparaban una vez al año, durante los días antecedentes a las Pascuas, leugo, al tenerlos preparadas, estas galletas se llevaban a uno de las cuatro panaderías de la ciudad para cocerlas en los hornos que no se solía tener en casa y, finalmente, se guardaban hasta el domingo de Pascua»

Según la tradición, el bussolà tiene que ser redondo, solo seguidamente se introdujo la versión a ese, la más conocida hoy en día. Pueden tener dimensiones más grandes o más pequeñas, aunque todavía  la receta original de estas galletas es la misma de aquellos años. La base es simple, se empieza con una una masa quebrada muy grasa, con mucha mantequilla, hiemas de huevo, azúcar, harina, y un poco de aroma de vainilla.

En un kilo de harina hay 12 hiemas, 600 gramos de azúcar, 300 gramos de mantequilla. El compuesto se amasa sin agua y sin nada, en seco. Después, al tenerla bien amalgamada, enrollar pequeñas partes de la masa y, luego, unirlas para formar un círculo, en el caso en que se quiera hacer el bussolà redondo, o bien, deformarla hasta obtener la forma de ese según la otra variante de galleta.

«La producción de este dulce, hoy, se realiza tanto a máquina como a mano – comenta Giorgio Senigallia – Aquí en Burano seguimos haciendo todo a mano tal y como se hacía un tiempo y realizamos los bussolai con formas más grandes. Para satisfacer las exigencias de la gran distribución, sin embargo, necesitamos las máquinas, y es por esta razón que hemos creado un taller en Jesolo que se ocupa de esto y, allí, está mi hija llevando adelante el trabajo»

Empezando por ser una galleta de familias de pescadores, el bussolà se ha vuelto un dulce al alcance de todos, a partir de una tradición típicamente pascual, esta galleta de vainilla ha llegado a ser parte de un hábito codidiano manteniendo el mismo aroma de siempre y la misma fragante consistencia capaz de dejar en la boca el sabor de Burano y de su historia.

 

 

El arte del encaje de aguja de Burano: un valioso trabajo compartido, hecho de paciencia y meticulosidad

Venecia, 15 de octubre de 2021- Paso rápido, manos listas para ponerse a trabajar, un reposapiés de madera, cortinas abiertas en la plaza de la ciudad, anteojos, herramientas de trabajo y años de experiencia en la mente, en los ojos y en las manos. Así es como las tradicionales encajeras de Burano se preparan para pasar otra tarde en compañía de hilo y aguja, sus pequeños cojines, el “morello” para bordar y papel de paja, listas para completar otra obra de arte y otra parte de la historia italiana. Charlan, unas con otras, frente a frente, hablan con cualquiera que se acerca curioso para descubrir los secretos de sus trabajo, discuten: “de las dos es ella la que habla mas”, “ella es la más talentosa”. Se conocen desde siempre pero aún hoy, incluso a los 80 años, cada vez que muestran a alguien sus bordados, tienen esa misma luz en los ojos que tenían cuando eran niñas y sus abuelas pusieron entre sus manos, por primera vez, una aguja y un hilo de algodón blanco.

El amor por su trabajo de las maestras del encaje de aguja de Burano se nota inmediatamente, es evidente en su movimientos, en su silencio, en la concentración, los ojos enrojecidos, por el hecho de que nunca apartan la vista, se nota por la habilidad de sus manos, que saben de memoria como crear, a partir de un dibujo sobre papel, una obra de arte precisa y indestructible. Se percibe por el hecho de que todavía están sentadas, como voluntarias, a su edad, dentro de la que una vez fue la floreciente “Scuola di Merletto di Burano” (Escuela de encaje de Burano), un museo hoy en día, para llevar adelante una tradición que, en el pasado fue gloriosa, pero actualmente corre el riesgo de desaparecer.

Seis de ellas se quedaron en Burano para conocer todos los secretos del encaje, dos de ellas son Mary Costantini y Romana Memo que, con motivo de las celebraciones por los 1600 años de Venecia, decidieron contarnos su trabajo como encajeras. Hoy, como entonces, están unidas por la misma pasión por un trabajo aparentemente solitario pero que requiere tiempo y espacios compartidos, y el amor por lo que hacen. El de los encajes es un trabajo individual pero se hace todas juntas, sentadas frente sus casas con vecinas, abuelas, madres, nietas, como se hacía en el pasado, entre amigas en la habitación, una al lado de la otra, hablando de recuerdos entre hilos de algodón blanco.

“Llevo haciendo esto hace mucho tiempo, desde que era una niña, tenía seis años- dice Mary Costantini, maestra de encaje de Burano- de niñas es un divertimento, pero el de encaje es un trabajo muy particular, te tiene que gustar. Mi mamá quería que aprendiera a hacer bordados, pero a mi no me gustaba ser costurera, ni bordar, realmente no tenía el gen, con el encaje pero es otra historia, puedo empezar a trabajar por la mañana y puedo estar aquí toda la noche sin darme cuenta. El encaje era mi destino, y puedo decir que el tiempo me dio razón”.

Las fases de creación de un encaje de Burano son siete. Siempre se empieza con un diseño, y luego hay la “orditura”, que es la superposición de dos capas de tela que se alternan con tres hojas de paja de papel, una hoja con el dibujo, y otra de papel encerado cosida a máquina a lo largo del contorno del dibujo. Después hay la primera fase de trabajo, la base, el “Ghipur”, luego está el “Punto Venezia” que consiste en cocer pequeñas secciones que conectan varios puntos del dibujo, seguido por el “punto Burano”, una red cosida con un hilo extremadamente fino, luego se hacen los relieves, y por fin, la fase final: el “punto cappa con picò”, que es el encaje festoneado.

En el pasado, cada encajera en la Escuela de Encaje de Burano se ocupaba de una sola parte de la obra. Por lo tanto, había siete especializaciones: las expertas en dibujo, las que se ocupaban del Ghipur, las que hacían solo el “Punto Venezia” y las que hacían exclusivamente el “Punto Burano”, así como las maestras en relieves. Aunque teóricamente todas sabían hacer todo, las que hacían cada día el mismo trabajo eran expertas porque adquieren velocidad y perfección, dos elementos fundamentales que han hecho esa obra textil, nacida en la pequeña isla de la Laguna de Venecia, unas de las artesanías italianas más apreciadas en el mundo.

“Todos parecen iguales – comenta Mary mientras cuenta la historia de la Escuela de Encaje donde estudiaron – pero cada puntada tiene su propia manera de tirar del hilo, de dejarlo mas suave. Una vez había mucho trabajo, y cada persona que estudiaba en la escuela se especializaba en una sola puntada. Siempre me ha gustado hacer la puntada más básica, la llamada “Ghipur”, eso fue mi trabajo. Hoy las hago todas, desde el principio hasta el final, pero los tiempos han cambiado”.

El encaje de Burano se hace tradicionalmente exclusivamente con hilo de algodón blanco. El algodon es el mejor material con el que hacer este trabajo, ya que es muy duradero y flexible al mismo tiempo, y la eleccion del color blanco, ademas del lado estetico, es hecha siempre por la misma razon: este color conserva la estructura solida del hilo, en comparacion con la de un hilo de color, y hace que el encaje de Burano, una vez completado, se convierta en un objecto duradero, que puede ser lavado sin arruinarse.

“La novedad de los ultimos anos en materia de encaje – dicen las maestras Mary y Romana- es que se ha introducido el hilo de color, incluso si esto tiende a quitarse y romperse. Nosotras trabajamos haciendo muchos nudos pequeños, la calidad del hijo para nosotras es muy importante. Desde nuestro punto de vista, casi nunca usamos hilo de color, incluso si desde hace tiempo se ha puesto de moda, pero las diferencias con el hilo de algodon blanco tradicional son muy notables”.

Aquellos que quieren ver como lo hacen, o pedirles una lección de “punto Venezia”, pueden encontrarlas en el primer piso del Museo del Merletto di Burano (Museo de Encaje de Burano), sentadas en la mismas mesas de madera que solían usar cuando eran niñas, en las primeras lecciones de la escuela profesional de encaje de aguja más famosa en el mundo. Vienen de dos en dos, por las tardes, se sientan, trabajan y están disponibles para cualquier interesado en dedicar un momento de su tiempo a la memoria de un trabajo de gran valor.

Minucias de los detalles, paciencia, precisión, una técnica antigua transmitida de mano que ha llegado, sin cambiar, hasta ahora: estos son los ingredientes del encaje de aguja de Burano, un producto que, una vez terminado, se vuelve indestructible. La ropa se degrada, así como las telas, el bordado se quita, los hilos coloridos se arruinan, pero el encaje de Burano permanece para siempre, y eso es el encanto de esta profesión, que corre el riesgo de desaparecer pero que es capaz de dejar, a traves de un objeto aparentemente frágil, pero en realidad fuerte, una marca en el tiempo y en la historia.

 

 

 

 

 

En Japón los dulces Típicos de la Serenissima

Venecia, 15 de junio 2021 – La calle que lleva al Paese del Sol Levante perfuma a huevos, leche, harina, mantequilla. De Venecia a Japón pasando a través de siglos de costumbre. El hecho de que Venecia esté amada en todo el mundo es evidente. Sin embargo, incluso sus dulces típicos gustan enormemente hasta el punto de abrir una pastelería dedicada a Venecia, en Otaru. En todo caso, esta historia resulta ser muy curiosa.

Por cierto no es curioso para Franco Colussi, cuyo apodo es “Nono”, es decir abuelo en dialecto veneciano, que tiene nada menos que 86 años y que se dirige hacia su taller en Dorsoduro cerca de la Accademia y del famoso Ponte dei Pugni, para realizar a mano los postres típicos de la tradición de la Serenissima. Hoy como ayer, que Venecia cumple sus primeros 1600 años.

Franco lleva orgullosamente su gorro de pastelero sobre el que aparecen algunas inscripciones en japonés. Y sonríe al recordarse de esta joven chica: Ogata Francesca Eri, la que en Otaru, en 2013, abrió una pastelería especializada en dulces pertenecientes a la tradición veneciana.

“Llegaron varias cartas al taller, en lengua italiana gracias a la ayuda de un profesor, en que pedía que presenciara mientras yo trabajaba, pero nunca le respondí – cuenta – en algún momento, no pude más, y respondí que el taller era demasiado pequeño y que no había el lugar suficiente. Ella insistió, preguntando si podía mirar desde fuera y le dije que sí. La chica se presentaba todos los días a las 5, fuera de la puerta del taller, en la calle Lunga San Barnaba.

“El primer día se quedó fuera, de pie, durante más o menos cuatro horas, luego mi mujer insistió en dejarla entrar y le permití sentarse en una esquina – recuerda con cariño – ella tomaba nota de todo, incluso sobre los movimientos de mis manos. Le pregunté por qué no sacara fotografías y me respondió que no sabía si podía. Sacó dos cámaras y empezó a fotografiar todo. Aprendió a hacer nuestras galletas y abrió una pastelería veneciana. Todavía estamos en contacto y yo también fui a Japón, es una chica fenomenal, de verdad. Sabemos que realiza “focacce”, pero no las hemos probado”.

La primera vez en que Ogata Francesca Eri entró en el taller de Franco Colussi fue en ocasión de un viaje a Italia, un país que le suscitó interés a partir de cuando el futbolista Hidetoshi Nakata fue comprado por el Perugia.

“La pastelería estaba descrita en un artículo en una guía turística titulada “Viaggiare in italia come se ci vivessi” – recuerda – en vista de que había decidido que el tema de mi viaje sería el de probar todos los dulces tradicionales, visité Milano, Venecia, Firenze, y Roma. De todos modos, una vez vuelta a Japón, el único dulce que habría querido probar otra vez era la fugassa del señor Franco. Más pasaban los días más mi deseo se intensificaba, hasta que pensé en aprender a prepararla”. Aunque estuviera preparada a lo peor, la joven decidió escribir una carta a la pastelería Colussi. “Me respondieron agradeciéndome pero también disculplándose, porque, si hubiera logrado Venecia, no me hubieran permitido entrar en la cocina para aprender la receta de la fugassasigue – para el señor Franco yo era una desconocida y, además, de un país diferente: era normal el rechazo. Ahora bien, no podía rendirme y, por esta razón, mientras estaba escribiendo otra carta en que le informaba que vendría a Venecia, intentaba un modo para dirigirme allí”. Un bajo presupuesto  a disposición y una permanencia que iba a durar almenos tres meses, Ogata Francesca Eri empezó así esta aventura tan obstinatamente querida. A partir del día siguiente a su desembarque, se presentó enfrente del taller de Franco. Diez años después, la joven abrió en Ortaru su pastelería-café. Otaru se encuentra en la isla de Hokkaidō, en el norte de Japón. Hokkaidō, además de ser el lugar en que Ogata Francesca Eri nació y vivió, gracias a su localización geográfica es especialmente adecuada a la fermentación de los dulces.

“Asimismo, la cualidad de los productos queseros y del trigo de Hokkaidō es la más preciada de todo Japón – explica – aunque Venecia y Otaru no son “ciudades gemelas”, aquí también hay una floreciente industria de cristal, un pequeño canal y, ni como si lo hiciste adrede, un museo sobre Venecia. Por eso abrí mi propia pastelería aquí.

El taller de Franco Colussi

El perfume que invade el taller es como la fluta mágica para los ratoncitos: al empezar a recorrer Calle Lunca San Barnaba la calle no puede ser la equivocada, los sentidos se activan y la nariz sigue su olor. En el interior trabajan en tres. Los tres representan la familia Colussi: Franco, que abrí el taller por primera vez en 1956, la hija Linda e la nieta Marina que – a los 29 años, tras un bachillerato clásico y llevar diez años trabajando a contacto muy estrecho con su abuelo – ya conoce todos los secretos de de la pastelería veneciana.

“Pensaba que estaba aquí temporalmente después de la escuela – sonríe – en realidad luego descubrí que iba a casa para hacer los deberes. Porque desde hace diez años daba clase de pastelería en el instituto Barbarigo, evidentemente le puse una iniección de dos o tres dosis de amor hacia esta asignatura ni sin darme cuenta. Y así, algún día, por su cumpleaños no quise un regalo cualquiera, sino un planetario”.

Franco habla, y mientras sigue hablando no para de rebanar – rigurosamente a mano – una barra de pan larga y estrecha del que extraía los “baicoli”, tal vez las galletas más conocidsas y exportadas.

“Los baicoli los creamos con la masa madre, exactamente como se hacían antes de que inventaran la levadura de cerveza – cuenta – y continuamos a rebanarlos a mano. La preparación de los baicoli tarda 30 horas, como para hacer la fugassa, la focaccia veneciana. No es que los amase y los deje ahí, sino que cada tres horas tienes que controlarlos, tienes que mimarlos. La levadura es muy antigua y todavía no se consigue estimar cuánto: es el mismo que Franco usaba cuando trabajaba en la pastelería “Bonifacio” en Murano. Su viejo maestro le regaló un poco a él para ayudarle a iniciar su actividad, por lo tanto es muy difícil atribuir una datación exacta.

 

 

Los dulces venecianos

El taller Colussi se ha especializado en las “cosas viejas”, para explicarlo con palabras de Franco. Realiza pocos productos pero todos pertenecientes a la costumbre veneciana. Aquí se pueden encontrar todavía los “zaleti”, los “bussolà forte” de Murano, los “savoiardi”, los “buranelli”, los “amaretti”, hasta los “pevarini”, además de los baicoli, de la “focaccia”, y de las pequeñas “spumiglie”. Se trata de dulces secos porque, como Franco explica, antiguamente se mojaban en el vino de Cipro, que es un vino fortificado, o bien en la nata.

Los pasteleres en Venecia tienen gran prestigio. En 1493 se juntaron en una corporación, los “Scaleteri”, con sus Mariegole (un estatuto). Hay dos explicaciones sobre el origen del nombre: una se refiere a un dulcecito típico con las hojas sobrepuestas  la una a la otra, así que pareciera una escalera, la otra porque el horno estaba a una altura diferente con respecto al día de hoy, tenía una especie de hueco y para salir había que saltar fuera: por eso, de cierto momento, insertaron una escalera.

 

 

La fugassa veneciana, el dulce más amado en el mundo

Si hablamos de dulces, Venecia se conoce en el mundo por la focaccia, que es diferente del pandoro y del panettone. Es más suave y, como dice Franco, ni siquiera parece haberla comida. Gracias a este tipo de masa se mantiene intacta unos días. “Sin embargo, no va a durar, créame” – sonríe – tan pronto como la comas ya se ha terminado”.

No es cuestión de dosis, como explica Franco, porque las cuantidades están escritas en todos los libros del mundo y también en el internet. “La dosis – dice – es como una partitura musical: puedes tener Bach, Chopin, Beethoven, tomas la pieza y la tocas, aunque la mayoría de las personas no se de cuenta de que el espacio entre una nota y la otra sea música. Como una poesía: si la lees sin puntuación, no vale nada. Pongamos otro ejemplo aún más básico: un ovillo de lana y dos agujas de tejer, diez puntos rectos y diez reversos, a mí sale una cosa, a ella otra. Y volviendo a la música: una vez que tienes la partidura y el violín, no puedes tocar como Uto Ughi o como Paganini”.

También en Japón la fugassa es el dulce más apreciado. “Les gusta a todos, de verdad – confirma Ogata Francesca Eri – para poderla realizar he visitado Venecia a lo largo de diez años. Al prepararla pongo todo mi entusiasmo, llevando siempre en mi corazón las palabras del señor Franco: la pasión alivia todas los esfuerzos”.

Las frittelle venecianas

Las frittelle eran los dulces más populares entre los venecianos. Al día de hoy solo se comen durante el Carnaval, pero un tiempo se solía prepararlas en cualquiera ocasión convivial. “Una boda, un compromiso, alguien que pasaba a visitarte – cuenta Franco – las frittelle eran el símbolo de algo bonito, representaban el ápice de la fiesta. Y la frittella veneciana tiene el hueco en el centro, pese a que se piense que la que tiene forma de pelotita es la tradicional”. Hoy las frittelle se aprecian a nivel local y nacional, mientras que al extranjero gana la focaccia.

El secreto

“El secreto para hacer dulces buenos es que tienen que gustarme a mí mismo, dado que llevo 75 años trabajando como pastelero y todavía los como – concluye Franco – Si gustan a mí que ya estoy mareado de todo, entonces significa que van a gustar al cliente también. Y para ser bueno no tiene que tener grasa, sino tiene que ser ligero”.

Vuelve el Redentore en Venecia. La historia de una fiesta que recuerda el final de una epidemia  

Venecia, 13 de julio de 2021 – La Fiesta del Redentore es una de las más sentidas por los venecianos que, este año, en ocasión de los 1600 años de la fundación de Venecia toma un valor aún más significativo para la ciudad. Las celebraciones empezarán el sábado 17 de julio de 2021 y recordaran el final de la terrible epidemia de peste que tuvo lugar en Venecia entre el 1575 y el 1577. Los venecianos lo llaman el “Redentore” y es parte de la cultura de los ciudadanos de la ciudad que, cada año, siguen renovando las tradiciones gastronómicas, el folklore y las celebraciones que han sido transmitidas por sus antepasados y que han transformado, a lo largo de los años, esta fiesta veneciana, conocida también a nivel internacional, en una de las atracciones turísticas más grandes de la ciudad.

Las orígenes de la Fiesta del Redentore

La Fiesta del Redentore se celebra cada sábado anterior al tercer domingo de Julio. 

Se trata de una celebración religiosa que fue establecida el 20 de julio de 1576 para recordar el final de la epidemia de peste que había destruido la ciudad entre los años ’75- ’77, llegando a ser la peor después de la epidemia de 1348. Esta enfermedad muy contagiosa llevó más de 50 mil personas a la muerte en aquellos años, o sea un tercio de la población de Venecia.  La primera piedra de esta iglesia, proyectada por Andrea Palladio, fue colocada el 3 de mayo de 1577. Desde aquel día hasta hoy, la iglesia del Redentore fue el símbolo de un momento muy importante para la ciudad de Venecia que, justo en el año en el que empezó a construirse la iglesia, se liberóde la epidemia que la había destruido casi completamente. 

En el día del primer Redentore, en 1577, para celebrar el fin de la epidemia, los venecianos construyeron un puente de barcos que permitió de alcanzar la isla de la Giudecca, donde se estaba construyendo la iglesia del Cristo Redentore y en la que hubo lugar la primera procesión religiosa que, hoy en día, sigue siendo parte de las celebraciones, 444 años después. El puente votivo, que en pasado fue construido con barcos puestos uno al lado del otro, hoy en día se realiza con piezas de madera que permiten cruzar el canal de la Giudecca andando, desde las Zattere (cerca de la iglesia de Spirito Santo) hasta alcanzar la entrada de la iglesia del Redentore en la otra orilla del canal. Este pasaje peatonal provisorio suele ser utilizado por muchos venecianos además que para los turistas que quieren alcanzar la isla de la Giudecca en los días de la fiesta del Redentore. El puentè será abierto al público el viernes 16 de julio por la noche. 

La fiesta del Redentore desde ayer hasta hoy: la evolución de las celebraciones en los últimos años

Eran muchos los días dedicados a las celebraciones del Redentore en 1800. El primer día, el sábado del Redentore, se solía ir con barcos decorados con flores, balones luminosos y foliolos en la isla de la Giudecca. Allì, a lo largo de las orillas, había pequeñas tiendas donde se vendían hinojos, moras, agua de melisa de los Padri Carmelitani Scalzi, lenguados en saor, patos y pollo. Luego, según la tradición, los venecianos tenían que seguiren barco hasta la isla del Lido para ver el amanecer. El domingo por la mañana solía ser dedicado a la procesión religiosa que empezaba desde la Basilica di San Marco, cruzaba el canal gracias al puente votivo hasta llegar a la iglesia del Redentore en la Giudecca. Por la noche, se podía ver el espectáculo de los fuegos artificiales. 

Hoy en día, la fiesta del Redentore, se celebra casi de la misma manera y con las mismas tradiciones. Además del puente votivo, que se abre al público la noche del viernes antes del sábado del Redentore y de la procesión, la fiesta del Redentore se celebra por los venecianos en las orillas de la Giudecca con mesas muy largas donde amigos y familiares pueden disfrutar de la comida típica veneciana. Además, amigos y familiares pueden comer también en los barcos atracados en el canal de la Giudecca. Tradiciones que siguen manteniéndose también este año, aunque con algunas limitaciones tanto en la tierra como en el agua debido a la pandemia de Covid-19.

En la noche entre el sábado y el domingo, en la cuenca de San Marcos, hay el espectáculo de fuegos de artificio del Redentore, evento que atrae a un público de todo el mundo y que colora el cielo de la isla de Venecia garantizando aún más luz a su belleza. Este año, junto a las celebraciones de los 1600 años de Venecia, los fuegos artificiales tendrán un tema dedicado, no solo en los colores sino también en las imágenes que se diseñarán en el cielo. 

El domingo es el día dedicado a las regatas del Redentore, las competiciones de voga a la veneta en embarcaciones tradicionales venecianas, desde las góndolas a los pupparini, que tienen lugar por la tarde del domingo siguiente al día del Redentor en el Canal de la Giudecca con los campeones del remo en las diferentes categorías. 

 

Un bucle de vídeo cuenta la redescubierta de la historia de Malamocco, en ocasion del cumpleanos de Venecia

Venecia, 13 de octubre de 2021- Restos arqueológicos, artefactos, objetos que remontan al siglo XIII, y todos los testimonios de la historia antigua de Malamocco, son los protagonistas de un bucle de video hechos para valorizar el museo de la isla de la laguna de Venecia, y celebrar el cumpleanos de Venecia en el ano en que la ciudad celebra una importante etapa de su historia, los 1600 años desde su fundación. Las evidencias encontradas en los años ‘90, durante las excavaciones en el Campo della Chiesa en Malamocco, y conservadas hoy en el Museo de la isla, vuelven a formar parte del debate cultural de la ciudad, gracias a la intervención de personalidades prominentes de la cultura, política y historia veneciana, para intentar proteger, no solo fisicamente sino tambien en la memoria colectiva, las huellas de una historia antigua que llevó a la fundación de Venecia y de un lugar símbolo de su laguna, la isla de Malamocco. 

El proyecto “Museo Transformer da Metamauco a Malamocco”, que nació da una idea de MarVe- Marine archaeology research Venice & EVR- Equipo Veneciano de Investigación, en colaboración con la Asociación Cultural “Prometeo” de Padua y la compañía teatral “Teatro del Go” de Venecia, bajo la dirección de Franca Zannoni y Francesco Coralli, filmacion y edicion de Daniele Zoico, propietario de “Danto Producción”, comenzará a partir del 15 de octubre, con la publicación  cada semana de videos, por un total de seis citas, el último el 19 de noviembre. 

Los videos producidos por el Museo Transformer serán publicados en las paginas sociales oficiales (Instagram, Facebook, Twitter y Youtube) de MarVe- Marine archaeology research Venice, para entretener a los aficionados o simplemente a los curiosos, con anécdotas históricas, curiosidades y explicaciones sobre las exposiciones que van desde la historia de Malamocco hasta la de la ciudad de Venecia, una mirada al futuro de la investigación arqueológica que hace hincapié en la importancia del enorme patrimonio cultural y arqueológico, del que la ciudad de Venecia es heredera.

El símbolo del evento es “Capitán Pipa”, una interpretación en versión animada, realizada por Rachele Coralli, del comandante Roberto Padoan, fundador de la Asociación MarVe. 

Video de presentación en el enlace: https://vimeo.com/625347533/643b43a90e.  

Cisame de pesse: la receta del saor más antiguo de la historia en un libro de un anónimo de 1300 

Venecia, 11 de octubre de 2021 – “Tomar el pez y ponerlo a freír, luego tomar las cebollas y hervir un poco. Cortar y freir bien y luego añadir vinagre, agua, almendras, uva espina y un poco de miel. Hervir todo y añadir el pez”. Asì escribìa un cocinero anónimo en 1300 para contar la receta del “Cisame de pesse”, que hoy en día es lo que conocemos como el saor. El libro se titula “Anonimo veneziano”: descubierto por Ludovico Frati, conservador de los manuscritos de la biblioteca universitaria de Bolonia, fue publicado por primera vez en 1899. En total, hay másde 130 recetas que cuentan de una cocina medieval veneciana donde las especias son las que dominan.

Anna Santini y Andrea Michelon lo saben muy bien, chefs profesores del Istituto Venezia, que enseñan italiano a través de la cocina. Esta es una manera de transmitir una cocina tradicional que guarda, en cada ingrediente, una pieza de historia cotidiana escondiéndose, detrás de cada receta, un patrimonio de historia y arte cotidiano. De hecho, muchos estudiantes quieren buscar la esencia y originalidad de Venecia a lo largo de sus 1600 años de historia. 

Es asì que, en el mes de septiembre, los estudiantes pueden sentarse y imaginar estar comiendo con unos personajes famoso: el dogo Enrico Dandolo, la poetisa Veronica Franco, Giacomo Casanova y la veneciana de adopción Peggy Guggenheim. Se habla de Venecia, del entorno histórico, se cocinan platos que quizás comían ellos mismos y luego se cena juntos. 

De hecho, es en la época de Dandolo que se introduce el “Anonimo Veneziano”, entre los platos perfumados y que tienen sabor de Oriente y de tierras lejanas, de pollos, de caldos, de sabores, hierbas, jengibre, canela, almendras, leche de almendras, pez, miel y mucho más. 

Entre estos, Anna y Andrea a menudo eligen el saor más antiguo de la historia, o sea el cisame de pesse y el ambroyno de pollo, un plato que ya no existe en la cocina veneciana y que, antiguamente, se cocinaba con dátiles, ciruelas, almendras, zumo de uva verde, tocino y azafrán. Cocinar estos platos no es nada fácil, aunque el sabor se acerca al plato original. 

“El cisame de pesse es el primer testimonio de lo que hoy en día se conoce como saor. Se parecen los ingredientes de las recetas, solo que en aquella época se solían usar las almendras peladas en lugar de los piñones, la miel y las especias fuertes – cuentan – mientras que el ambroyno es una receta que quizás se ha perdido al final de 1500, cuando hubo la caída del mercado de las especias en Venecia. En todas las recetas hay muchas especias, a veces demasiadas y sin duda un exceso en el uso de almendras y leche de almendras. Sin embargo, la cocina veneciana original es una cocina “de fusión”, o sea una cocina que solía tomar materias primas locales y las mezclaba conforme las influencias árabes, otomanas, levantinas, hebreas, armenias, griegas. Aunque hoy en día no se hayan salvado los mismos platos que encontramos en los libros, por cierto, el concepto de fusión se ha mantenido y se ha transmitido hasta hoy”. 

Lo curioso es que a menudo las recetas del Anonimo están pensada para 12 personas, por que de hecho parece que se hace referencia al almuerzo de los glotones de Nicola Salimbeni, un cocinero que escribiò las recetas para los 12 glotones que dilapidaron sus dineros en muy ricos banquetes. Un libro de final 1200, que fue perdido, y que según algunos filólogos de hecho se retoma en algunas recetas del Anonimo Veneciano. Entre perfumes, sartenes, agua que hierve y cebolla que fríe, los estudiantes entran en contacto completo con Venecia.

“Llegan aquí porque buscan la autenticidad, no quieren las contaminaciones sino la receta verdadera, original – terminan Anna y Andrea – los alemanes son los que más de todos aman Venecia e Italia, la cultura, el arte y la cocina; luego, también los suizos, los austriacos y los holandeses tienen una pasión para Venecia. Los americanos aman a Italia, aunque muchos son los estereotipos que tienen y que hay que desbaratar, como por ejemplo el hecho de que nuestra cocina esté llena de ajo o que en la carbonara haya hongos”. 

En Venecia un puente de paz con Beirut a través de los dibujos de quinientos niños

Venecia, 8 de octubre de 2021- Quinientos niños encienden un fuego bajo el tema de la paz, para construir un puente simbólico que refuerce la amistad y la solidaridad entre dos ciudades conectadas por el Mediterraneo. De Venecia a Beirut, a través del Covid: los alumnos de siete escuelas primarias protagonizan el proyecto educativo internacional “Disegni a 1000 mani, Venezia- Beirut”, que forma parte de las celebraciones por la fundación de Venecia, hace 1600 años. El arte se convierte en el idioma universal, un símbolo de paz y esperanza para unir Italia y Líbano.

A partir de una idea de Nadia De Lazzari, directora de la asociación “Venezia: pesce di pace” (Venecia: el pez de la paz), la iniciativa culminará el martes 12 de octubre, a las 10, en los Giardini Reali (Jardines Reales) de Venecia, cuando los niños cruzaran el puente levadizo- que conecta los jardines con el área marciana de la ciudad- como gesto simbólico de cercanía a todos los niños del mundo. Desde la histórica pérgola que cruza los Jardines Reales colgarán los dibujos con mensajes de alegría, amistad, solidaridad de los pequeños niños, uniéndose como por magia a la densa vegetación.

El proyecto se puso en marcha en las escuelas el año pasado, en medio de la pandemia global, y adquiere aún más importancia porque nació en Venecia, ciudad que siempre ha sido una encrucijada de culturas y diálogo entre pueblos diferentes, y que este año celebra 1600 años desde su fundación. Los temas propuestos a los niños fueron dos: “Venecia y Beirut: nuestras ciudades” y “Nosotros en la escuela con el Covid”. Los niños de Venecia y Cavallino-Treporti dibujaron en un lado de la hoja, mientras que el otro fue completado por los niños de Beirut.

“30 años han pasado desde el primer dibujo hecho juntos, a distancia, por un niño de Venecia y uno de Sarajevo, donde durante la guerra fui 40 veces- dice De Lazzari- el año pasado, en medio de la pandemia, llevando mi mascarilla y respetando todas las reglas, me fui en las escuelas. Ha sido un proyecto cultural muy complicado en un momento muy difícil, pero el apoyo y la colaboración de los maestros y de las familias han sido fundamentales. Los alumnos dibujaron Venecia, Cavallino- Treporti, Beirut y el Covid. En la parte posterior de la hoja escribieron mensajes conmovedores, advirtiendo de ser cautelosos y vacunarse, para que ellos puedan todavía jugar y asistir a la escuela. Dos pequeños estudiantes sintetizaron: tú y yo hicimos una obra maestra. Esto no es un dibujo, es un compromiso de por la vida.”

Al proyecto asistieron 14 artistas, 7 italianos y 7 libaneses que, de la misma manera que los estudiantes- uno comienza, el otro completa- unieron Oriente y Occidente, cada uno con su propio estilo, y donaron sus obras a las siete escuelas participantes. Caracterizadas por la armonía de líneas y colores, las pinturas enfatizan el importante patrimonio cultural, histórico y artístico de los dos países y fortalecen la colaboración, la amistad y la solidaridad.

7 de octubre de 1571: la Batalla de Lepanto hace 450 años. En el lienzo de Vicentino en el Palacio Ducal el triunfo del ejército veneciano

Venecia, 6 de octubre de 2021 – Lo que aparentemente puede parecer caótico luego se revela como una composición muy inteligente. Un lienzo lleno de barcos, soldados y armas. La batalla que explota, los soldados que caen bajo los golpes de las espadas. Es el 7 de octubre de 1571, precisamente hace 450 años, y la que se está disputando es la mayor victoria naval para Venecia. Mañana, la ciudad celebrará esta fecha con muchas iniciativas, que se añaden a las celebraciones por el nacimiento de Venecia hace 1600 años. 

Para entender la importancia de este evento, solo hay que levantar los ojos hacia el lienzo Batalla de Lepanto, en la sala dello Scrutinio de Palacio Ducal en Venecia, corazón de la ciudad, sede de los dogos y de todo el sistema político de la Serenísima. Las paredes de la sala están en la primera planta – en la que se solían ejercer las operaciones de recuento electoral o deliberativo que asiduamente marcaban los ritmos de la política veneciana – cuentan las batallas ganadas desde el 809 hasta el 1656 además de la de Lepanto, que por cierto está representada en uno de los lienzos más grandes e importantes de todo el palacio. Esta es una obra de arte hecha por Andrea Vicentino, que firmó la obra sin poner alguna fecha. Por cierto, su Batalla de Lepanto ha sido realizada tras la destrucción del mismo lienzo hecho por Tintoretto, a causa del fuego en el Palacio en 1577. 

Las tropas aliadas destacan de las tropas otomanas por trajes y armas. Sus almirantes estaban en la popa del buque, muy tranquilos y aparentemente indiferentes. Sebastiano Venier, el protagonista veneciano del evento y el futuro dogo de la Serenísima está representado junto a su paje de armas, erguido y con cabeza descubierta a pesar del peligro, en el bote en primera fila. Don Giovanni de Austria, comandante español y hermanastro de Felipe II, está representado casi al margen derecho mientras que Marcantonio Colonna, el guerrero del Papa, está en la popa del barco papal, detrás de la bandera de la Liga, caracterizada por una imagen de Jesús en la cruz. A estos tres barcos que están en la derecha, hay otros tres a la izquierda, al mando del almirante turco Ali Pascha. La agitación de los capitanes otomanos revela la tensión del momento. El barco de Venier acaba de chocar con el barco turco, las tropas venecianas se lanzan al abordaje de los enemigos del mar, que ya está lleno de muertos y de náufragos con turbantes en la cabeza. El choque entre los dos barcos es tan violento que las patrullas turcas se arrojaron en al mar. En el borde inferior del marco hay escenas de guerra que incluyen al observador en una pelea dura y brutal que caracteriza la lucha cuerpo a cuerpo, el sufrimiento de los vencidos y también su coraje y su voluntad de seguir luchando. En la lucha se refleja el conflicto de las potencias mundiales de entonces.

Para realizar este lienzo, el pintor Andrea Vicentino leyó muchos libros y estudió las reproducciones gráficas del tiempo. Es lo que se ve en esta obra de arte que es exactamente lo que la historia contó. En 1570 Venecia dejó de ser la indiscutible dominadora del Mediterráneo y el imperio otomano puso los ojos en la isla de Chipre, desembarcando allí con sus fuerzas. La Serenísima hizo un llamamiento a Papa Pio V, que el ano después movilizó la Liga Santa, bajo las creencias cristianas. De hecho, solo la ciudad de Famagosta resistió a la presión de los turcos, animadas por el muy valiente Marcantonio Bragadin aunque, poco a poco, fue matado por los otomanosdespués haber sufrido muchas atrocidades. Tras la noticia, el 16 de septiembre de 1571 la flota cristiana salió de Messina. En el mar había cientos entres galeras y barcos grandes y pequeños con a bordo 30.000 soldados y 50.000 entre marineros y remeros. Es Venecia para suministrar la mayoría de los barcos de guerra con más de cien barcos. El seis de octubre el almirante turco sale de la bahía de Lepanto con la misma unidad asumiendo la disposición de medialuna. La Liga Santa despliega seis galeras venecianas, pesadas y sólidas unidades de cargas que en el Arsenal de Venecia se convirtieron en poderosas máquinas de guerra. Es el 7 de octubre cuando las dos flotas empiezan lentamente a avanzar la una hacia la otra: las galeras de la Liga Santa golpean de manera muy fuerte los turcos que pierden muchas unidades, aunque la batalla final tuvo lugar enseguida, después del contacto de los dos barcos y los abordajes. Los barcos enemigos fueron empujados hacia la orilla del mar donde encallaron o se hundieron, y los turcos se lanzaron al agua para escapar. A la agitación del despliegue otomano seguirá una carnicería. La victoria fue aplastante: 13 galeras capturadas, 90 hundidas o estrelladas a la orilla y 3800 prisioneros, aunque también las pérdidas de la Liga fueron muy altas: 7650 muertos y 7800 heridos. El enemigo fue derrotado muy duramente. Sin embargo, la Liga después de muy poco fue disuelta.

Un triunfo de gran valor simbólico e impacto emocional. Pasarán muchos años antes de que la flota turca vuelva a enfrentarse a los enfrentamientos navales y la supremacía del Mediterráneo permanecerá en la Serenísima por un siglo más. Desde un punto de vista técnico, en cambio, la victoria de la flota cristiana confirma la última gran batalla de perfil medieval, combatida con las naves empujadas por los remeros.

 

 

 

La Venicemarathon para Venecia 1600 el atletismo une el Estado de tierra y de mar

Venecia, 15 de octubre de 2021 – Venecia 1600 es un proyecto que empezó el 25 de marzo de 2021 en ocasión de la que se considera como la fecha de nacimiento de la historia de Venecia. 

El objetivo que se ha fijado la Administración del Ayuntamiento de Venecia, por idea del alcalde Luigi Brugnaro, es lo de contar por un año entero la historia de la República Serenísima juntado también la historia de todas las ciudades y del territorio que hicieron parte de la República y que siguen siendo importantes también hoy en día: desde Bérgamo hasta Ciprio pasando por Oriente y por toda la zona Mediterránea.

Hasta el 21 de marzo de 2022 habrá cientos de iniciativas que tendrán lugar en las ciudades que antiguamente entraban en los confines de la República Serenísima. La historia de Venecia no solo significa pasado sino también presente, y entre estas fichas hay la Venicemarathon, que desde hace 35 años es uno de los eventos másesperados: una iniciativa de otoño en la que la disciplina príncipe del atletismo ligero se desarrolla a lo largo de un recorrido que cuenta la historia de este territorio. Desde Stra hasta la Riva dei Sette Martiri, los atletas pasan por las villas vénetas, la misma Riviera enriquecidas por los testimonios artísticos. Luego, pasan por Malcontenta, Marghera y Mestre, o sea la tierra firme de confín que está dividida de la ciudad sobre el agua por el Ponte della Libertà.

Venicemarathon une el “Stato de tera con lo Stato de mar” (Estado de tierra con el Estado de mar), manera en la que se solía definir la ciudad construida sobre las aguas de la laguna. Según los testimonios de la fuente del Chronicon Altinate, y en tiempos más recientes por Marin Sanudo, se remonta al 421 el supuesto nacimiento de la ciudad lagunera, año en el que en Rivus Altus, lo que hoy en día se conoce como Rialto, fue construida la primera iglesia de la ciudad, San Giacometto. El escritor Marin Sanudo en sus Diarios cuenta el fuego de Rialto en 1541, subrayando como "Solum restò in piedi la chiexia di San Giacomo di Rialto, la qual fu la prima chiexia edificata in Venetia dil 421 a dì 25 marzo, come in le nostre croniche si leze".

Venecia solía ser un muy grande Estado con una importancia extraordinaria en el horizonte europeo. De hecho, ya en 1200 empezó su expansión, volviendo a ser una potencia económica, o sea el puente entre Oriente y Occidente. El 1500 fue el siglo de oro de la República de Venecia, cuando el comercio y el desarrollo económico, artístico y cultural permitieron a la ciudad convertirse en una verdadera potencia del Mediterráneo. Por eso nace Venecia 1600: para celebrar la ciudad, recordar su aniversario y evocar antiguos vínculos a través de exhibiciones, congresos, conciertos, manifestaciones y eventos de todo tipo, que por un año se desarrollarán en todos los territorios con los que la Serenísima tuvo relaciones. 

Las aduanas de Venecia, un video documental para contar el corazón de la economía de la ciudad

Venecia, 5 de octubre de 2021- La “Dogana da Mar” (la oficina de aduanas para el comercio naval), una visión única de la ciudad de Venecia, un edificio ubicado entre el Gran Canal y el Canal de la Giudecca, la punta triangular que representa un tesoro de arte y arquitectura, que ha sido durante siglos el corazón de la vida económica de la República Serenissima. 

El video documental “Le dogane di Venezia”, está ahora disponible en línea. Un proyecto realizado por la Agenzia delle Dogane e dei Monopoli (Agencia de Aduanas), en colaboración con el Municipio de Venecia y la Región del Veneto, que nació del deseo de contar, en el año de las celebraciones para los 1600 años desde la fundación de la ciudad, una pieza significativa de su historia milenaria: la Dogana da Mar. 

Presentado durante el 78° Festival Internacional de Cine de Venecia, el documental tiene como objetivo resaltar la importancia histórica de las aduanas para el desarrollo socio-económico de Venecia. 

Inicialmente situada en el sestiere de Castello, la aduana se trasladó a principios del siglo XIV a la desembocadura del Gran Canal, en el centro de Bacino San Marco, así como central fue la importancia que tuvo en la vida económica de la ciudad. La puerta principal, un puesto de control desde el que las autoridades locales revisaban los productos que entraban y salían de Venecia. 

Su construcción se inició a través de la Iglesia votiva de la Salud, 1630, y acabó a finales del siglo, con la sustitución de la antigua torre rematada, a manos del arquitecto Giuseppe Benoni. 

En el ápice de la delgada punta triangular que divide el Gran Canal y el Canal de la Giudecca, la escultura de Bernardo Falconi se eleva coronando el edificio: una esfera de bronce dorado sostenida por dos atlantes, que representa el mundo, sobre la cual se encuentra la estatua llamada Occasio. La estatua representa la Fortuna, y gira para indicar la dirección del viento y también, simbólicamente, la variabilidad de la misma fortuna. 

La Dogana da Mar encierra la historia de Venecia y sus negocios, el centro crucial del intercambio entre Oriente y Occidente. El Bacino di San Marco, la pequeña ensenada de la laguna, una vez llena de barcos en su orilla, la acoge como una hija: cocchegaleonimarciliane burchi, cargados de vino, aceite, madera y grano, galee llenas de especias, sedas preciosas, y sal que llegaban al centro de Venecia y luego estaban asignadas entre los depósitos y las “case fondaco” (almacenes que pertenecían a las familias de comerciantes venecianos, utilizadas antes del pago). 

Grandes flujos de mercancías que llegaban a Venecia garantizando prosperidad a la ciudad. Un comercio que, desde la segunda mitad de la década de 1200, extendió su influencia hasta el Mediterraneo Oriental. Una actividad portuaria muy compleja que necesitaba un sistema de supervisión y control. 

Hoy, como parte de la Unión Europea, las aduanas se han convertido en una institución que se encarga de facilitar el comercio, proteger el territorio y el medio ambiente. El símbolo de Venecia, que con su comercio unía mundos distantes, a principios de 2000 se trasladó a Porto Marghera, y hoy alberga un museo de arte contemporáneo. Sigue siendo un lugar todavía vinculado a la historia de la ciudad y a su futuro, que se proyecta ahora como hace 1600 años, en el desarrollo del comercio internacional. 

El documental se encuentra disponible en YouTube al enlace https://www.youtube.com/watch?v=5c-g4C-eGq0 y en las páginas de redes sociales de la “Agenzia delle Dogane e dei Monopoli”. 

La antigua arte del remèr y 1600 años de fùrcula, remos y del artesanado veneciano

Venecia, 4 de octubre de 2021 – Experiencia, atención al detalle y muchas horas de trabajo. Lo del rémer es un tabajo de artesanía veneciana muy antiguo, que ha sobrevivido tanto a la industrialización como a la tecnología. Es un trabajo solitario, manual, donde los callos en las manos marcan el tiempo y el esfuerzo. Esencial en la Venecia del pasado, donde los ciudadanos usaban muchos botes de remos para ir de un lado a otro, sin embargo esta cultura hoy en día sigue existiendo porque quiere existir y contar su historia. 

Saverio Pastor, rémer de profesión, es uno de los representantes oficiales de la artesanía contemporánea de Venecia, además de ser miembro de la Associazione El Fèlze que, para los 1600 años de la ciudad quiere contar, a través de su ciclo de encuentros titulado “Storie sotto el Fèlze” programado hasta el 7 de noviembre, la historia y los secretos de los misterios artesanales relacionados con la construcción de las góndolas. El nombre mismo de la asociación es un homenaje a la Venecia del pasado y a uno de sus símbolos desaparecidos: la cabina móvil situada en el centro de la góndola llamada "Fèlze".

Squeri, botteghe e remiere[1] seràn el telón de fondo de todos los cuentos de las píldoras de artesanía veneciana curada por los mismos artesanos que siguen trabajando en la ciudad, a través de diferentes eventos sobre estas artes antiguas y encantadoras. 

«Contar y contarnos es muy importante – dice Saverio Pastor – y nos queremos hacerlo justo en los lugares en los que trabajamos, con tal de enseñar nuestras artes y llevar a la luz el recuerdo de los trabajos que hoy en día existen, como el trabajo de los felzèri y de los conzafèlzi. Lo hacemos desde hace mucho tiempo, aunque estos años nuestro trabajo está centrado, aún más, en la comunicación, debido sobre todo a las celebraciones de los 1600 años desde el nacimiento de Venecia y, por lo tanto, de nuestras mismas artes» 

Parte de un patrimonio cultural que sigue existiendo en la ciudad, Pastor pasa sus días con la madera en sus manos. Graba, suaviza y abrillanta, además de dar nueva vida a las fùrculas que han sido arruinadas por el agua y por el tiempo. Se ha vuelto en un rémer, después haber empezado a trabajar como mozo de almacén y aprendiendo, con el tiempo, con los errores y con los enseñamientos de su maestro, a gestionar las asperezas de la madera, material que hoy en día conoce perfectamente. 

«En el pasado, los hombres se volvían artesanos gracias a la mariegola dei remeri - dice Pastor -. El libro que regulaba este oficio y en el que, de hecho, estaba escrito como los mozos tenían que trabajar por lo menos por cinco años a “pan e vin” (pan y vino) o sea, sin ser pagados. Al acabar estos cinco años tenían que hacer una prueba y, en caso de que hubiesen pasado el examen, habrían empezado a tener una remuneración regular. Después de otros cinco años, ellos podían hacer otro examen para ser reconocidos como maestros de los remos, ganar más y abrir su propio taller». 

Un remèr de profesión puede pasar horas con sus trozos de madera y otras herramientas como sierras circulares, lijadoras, hachas y el raspador. Sin embargo, lo más importante en este trabajo es la sensibilidad de las manos y el ojo del experto que sigue los pasos de quien, antes que él, les enseñó el arte. 

«Se pueden tardar tanto 8 como 10 horas de trabajo para construir un remo – subraya Pastor – Para hacer una fúrcula, dependiendo del modelo, se pueden tardar desde 5 hasta 40 horas. Se empieza desde un cuarto de tronco, hasta crear un objeto que en el pasado solo se utilizaba como respaldo para el remo, aunque hoy en día se considera como una verdadera escultura. De todas formas, las horas de trabajo, el esfuerzo y el compromiso suelen ser recompensados con las muy grandes satisfacciones por llevar adelante una pieza de historia y tradición veneciana»

Para conocer más sobre los próximos eventos de “Storie sotto El Fèlze” y para tener más informaciones sobre la Associazione El Fèlze, ir a la web https://www.elfelze.it/storie-sotto-el-felze/

 

[1] Astilleros, talleres y oficinas donde se construyen los remos