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Un viaje al descubrimiento de una inédita Venecia nevada en las postales de la época expuestas en San Polo

Venecia, 23 de Diciembre 2021 – Venecia bajo la nieve, al despertarse la ciudad estaba cubierta de nieve en un día frío de invierno. En la sede del Comando Regionale della Guardia di Finanza (Comando Regional de Policía Fiscal), en el campo San Polo, se encuentran expuestas 100 tarjetas postales de la época en blanco y negro, guardadas en vitrinas, como si fueran objetos preciosísimos. Algunas de ellas contienen mensajes de felicidades o saludos escritos a mano, y otras solo fotos de momentos de la vida cotidiana. Son simples piezas de papel de forma rectangular imprimiendo pedazos de historia de una Venecia nevada e inédita. La exposición titulada “Il fascino della neve a Venezia nel ‘900” (El encanto de Venecia bajo la nieve en ‘900), con entrada gratuita, permite al público hacer un salto al pasado para disfrutar de una Venecia, al cumplir este año sus 1600 años, qua ya no existe y para intentar reconocer una calle, una corte o un campo de la ciudad que hoy en día conocemos.
Gianni Beranda es el que recogió este material precioso, trentino de nacimiento, coleccionista y ex socio de comercio exterior del sector de la moda que, tras pasar años y años de gira alrededor del mundo, vuelve a Venecia, ciudad que siempre se ha quedado en su corazón, para vivir los años de su jubilación y seguir adelante con su pasión hacia el coleccionismo y la ciudad lagunar. 
“Llegué a Venecia por casualidad cuando era joven, luego empecé a coleccionar postales y fotos de Venecia desde el principio, porque desde el primer momento en que pisé tierra veneciana, me quedé encantado – cuenta Gianni Berlanda – Vine aquí para estudiar Economía en la Universidad Ca’ Foscari de Venecia y, hoy, hace ya 50 años de mi licenciatura y tras girar el mundo para trabajar, volví aquí para intentar mostrar a todos su traje mágico, la maravilla de Vencia”.
Berlanda solo colecciona postales en blanco y negro, al escger fijar en su memoria, y en las de cualquiera visite sus musetras, una Venecia sin colores, pura, esencial. Una Venecia guardada cuidadosamente en 500 piezas de papel remontando a principios de 1900 hasta 1925, cien de ellos se exponen en la muestra en Palazzo Correr-Mocenigo.
Así es como las personas tienen la posibilidad de sumirse dentro de un paisaje veneciano como pocas veces ha ocurrido en los últimos años. A partir de una Plaza San Marcos cubierta por un manto blanco hecho de cúmulos de nieve apoyados sobre el perfil sinuoso de las gondolas de 1900, todavía adornadas con el antiguo felze, antiguo habitáculo en el centro de la tradicional embarcación, hoy permaneciendo en la memoria de los venecianos. Desde los pequeños canales hasta la misma laguna completamente helados que, tras el frío excepcional, permiteron a los venecianos llegar a pie de las Fondamente Nove al cementerio de San Michele y a Murano.
“Estoy jubilado desde hace 2008 y, al tener mucho tiempo libre, todavía me dedico más al coleccionismo – Berlanda continúa – Todavía tengo mucho material para mostrar a los venecianos y espero que aprecien este regalo de mi parte. Otro deseo que tengo, además de la muestra sobre Venecia nevada, es el de poder montar exposiciones de mis colecciones para seguir mostrando la ciudad a través de los ojos y de los mensajes de quién la vivió en el pasado y proponérsela al público como itinerario inédito con las postales de Venecia dividido por sestieri (típicos barrios venecianos)”.
La muestra se puede visitar gratuitamente hasta el 6 de enero 2022 con los siguientes horarios; 
- días hábiles, de 10 a 12;
- sábado y festivos, de 10 a 13 y de 14 a 16.

La Epifanía llega con la procesión de los Reyes Magos de la Torre del Reloj en la Plaza de San Marcos

Venecia, 4 de enero de 2021 – Verlos es un evento muy raro, como cuenta la historia. En Venecia los Reyes Magos suelen ser representados con las estatuas que marcan las 12 en la Torre del Reloj de la Plaza de San Marcos: una lenta procesión que viene de Mil Quinientos y que se encaja en las celebraciones por los 1600 años del nacimiento de la ciudad.  Para admirar la obra de arte que anuncia la Epifanía, tenemos que ir a la Plaza de San Marcos dos veces al año: a las 12 del 6 de enero o en el día de la Ascensión. Solo hay que levantar los ojos hacia uno de los signos arquitectónicos más famosos de Venecia: la Torre con su gran reloj astronómico, una obra maestra de técnica e ingeniería que marca, desde hace casi quinientos años, la vida, la historia y el tiempo. 
Son estatuas mecánicas de madera: un ángel que suena la trompeta y los tres Reyes Magos que, arrastrados por un mecanismo de vía a lo largo de la plataforma semicircular situada por encima del dial, pasan en frente de la Virgen con el Nino y luego vuelven en la Torre a través del panel lateral de los minutos, que se encuentra en el otro lado del reloj. Las estatuas no son las originales que remontan al 1499, sino unas copias, realizadas en 1755 por Giobatta Alviero. 
En 1499, cuando fue realizada la Torre del Reloj, los tres Reyes Magos y el ángel con la trompeta, fueron creados para salir cada ora de la logia al segundo piso y desfilar en procesión ante la estatua de la Virgen con el Niño. Sin embargo, la delicada complejidad del mecanismo y el desgaste, llevaron a reducir la frecuencia de la procesión de los Magos. Una vez que fue creada la nueva máquina y el nuevo mecanismo para la procesión por Bartolomeo Ferracina, los Magos fueron accionados por un mecanismo nuevo y que hoy en día siguen existiendo y haciendo lo mismo. 

En la época de la República Serenissima, el periodo de tiempo entre la Navidad y la Epifanía nunca marcó el pasaje del Nuevo Año, que solía ser celebrado el primer día de marzo, según el antiguo calendario romano. De hecho, hasta 1797 en los territorios del Estado Veneto, la calculación del calendario se solía hacer “More Veneto” o sea, según el uso veneto y de los vénetos. Además, las datas se solían cortar con las iniciales “M.V.” En el día de la Epifanía, el Doge solìa asistir a la misa en San Marcos, mientras que, al exterior de la Basílica, los niños esperaban participar en la procesión hacia San Zaccaria, donde las monjas abrían las puertas de sus monasterios para regalar golosinas, mazapán y rosquillas. Esta es una tradición que nunca se ha perdido, sino que se ha transformado: en Mil Seiscientos y Mil Setecientos, donde las tiendas solían vender dulces, cestos de fruta, comida y juegos. Se dice que los patricios también amaban esta tradición: por ejemplo, la familia Labia del barrio de San Jeremía, fue la primera que tuvo la idea de regalar juguetes, dulces y fruta a los niños. Luego, también los Contarini, los Michiel, los Mocenigo, los Piovene y los Pisani seguiron este ejemplo, llevando adelante la tradición en la ciudad. 
La Epifanía en Venecia también tiene una “viejecita especial”: la Marantega, un nombre que proviene del latín Mater Antiqua y que sigue usándose hoy en día. Las Befane Maranteghe, el 6 de enero, bajan por el Canal Grande por la tradicional Regata, organizada por los Canottieri Bucintoro. Este año tendrá lugar la 43°edición. Un evento deportivo entre los más esperados en la ciudad y que cada vez tiene un público muy grande. En la competición habrá 5 miembros de la sociedad, vestidos con trajes típicos de Marantega, cada uno al borde de su barco con su escoba. 

El belén en movimiento de los Frari: una atracción para niños y adultos al descubrimiento de la Navidad

Venecia, 21 de diciembre 2021 – En Venecia no es Navidad sin el belén de los Frari. La estrella de Belén relampagueando al exterior, la melodía navideña resonando al acercarse a la entrada y, cada año, la sospresa de observar cada movimiento. En la Basílica de los Frari, desde siempre, los frailes franciscanos montan dentro de la capilla lateral de San Pietro, llamada Emiliani, un belén “artístico” representando una verdadera atracción para todos, niños y adultos. Se trata de una larga tradición, hecha de amor y paciencia, de atención y espiritu cristiano ayudando a volver al verdadero sentido de la Navidad en una ciudad que este año está celebrando sus 1600 años de su fundación. Como cuenta Padre Sergio Zanchin, a los 89 años, todavía es el pilar de la representación de la Natividad. 
“Somos frailes francescanos y San Francisco fue el primero a construir el belén en Gregio, en 1223, luego, los frailes vieron y entendieron que éste podría ser un gesto significativo para los que quieran celebrar la Navidad y ver con sus propios ojos cómo y dónde nació Jesus y la historia de nuestra salvación, un gesto quedándose en el corazón – explica Padre Sergio  – por tanto, aquí en los Frari, en la gran casa de los francescanos menores conventuales, el belén siempre se ha hecho. Naturalmente, lo hemos actualizado, con estatuas suficientemente grandes y en movimiento”. La preparación empieza durante el verano ya, momento en que se controlan y se reexaminan las estatuas y en que se piensa en el material necesario. La instalación propiamente dicha empieza a mediados de noviembre para crear el andamio y la estructura, luego, se pasa a al paisaje y a las estatuas con sus aparatos mecánicos. 
“El belén no solo es un espectáculo, sino todavía mantiene su finalidad: ayudar a la gente a reflexionar sobre el misterio de la Navidad, sobre Jesus naciendo dentro de una cueva – Padre Sergio sigue – los niños se divierten al ver el pasisaje cambiando su movimientos, aunque no sean capaces de captar el mistero, mientras que los adultos pueden tanto divertirse como niños como darse cuenta de la celebración de un momento importante como el de la Navidad, especialmente gracias al movimiento de la Vírgen levantándose y presentando al Bebé, mientras José mantiene encendida la linerna para arrojar luz”.

Al resonar el tradicional canto “Tu scendi dalla stelle” (Bajas de las estrellas) en toda la capilla, durante el día, el belén se convierte en un pueblito formado por gente ocupada en sus tareas: una mujer alimentando las gallinas, otra extrayendo el agua del pozo para lavar la ropa dentro de un artesón, los leñadores cortando la leña, el alfarero elaborando su arcilla, el herrero batendo sobre el hierro caliente, el cestero realizando un cuévano, mientras tanto el fugo calenta a los pastores y las ovejas abrevándose en la cascada de agua. De repente, al desaparecer del sol, llega la noche, entre relápagos, nubes y tempestades. El viaje se para, los ciudadanos descansan e interrumpen sus actividades. Entonces, el corazón llega a ser la Sagrada Familia, situada dentro de la cueva, con la Vírgen meciendo al Bebé y levantándose para presentarlo a todos, además de transmitir el mensaje según el que Jesus ha nacido para salvar a la humanidad. Arriba, al contornar el belén, se encuentran dos imágenes representando a los ángeles de madera realizados por el tallador bellunese Andrea  Brustolon y guardados en la sacristía. 
El belén de los Frari permanecerá abierto hasta el 12 de febrero y se puede visitar desde las 9 hasta las 18:30.


 

La tradición de la Navidad en Venecia, cuando el dux salía del Palacio Ducal para irse a San Jorge

Venecia, 22 de diciembre 2021 – La Nochebuena era la única noche en que el Serenissimo dux se mostraba en público fuera del Palacio Ducal. Una salida en ocasión de la visita anual de la antigua isla de los cipreses San Jorge Mayor. El dux iba a ese lugar tras haber participado en las sagradas funciones en la Basílica de San Marcos: al terminar la misa, salía a la plaza, acompañado por un gran cortejo hasta el muelle, en un camino hecho de antorchas y candelabros, donde lo esperaban los “peatoni” dorados, embarcaciones venecianas tradicionales. La partida hacia la isla de San Jorge ocurría al repique de las campanas de San Marcos y al sonar de las trompetas de plata del dux; la peregrinación navideña se concluía delante de la puerta mayor de la iglesia, en que lo recibían el abad mitrado de San Jorge y todos los monjes. Aquí también el dux asistía a un servicio religioso de corta duración y, luego, se movía a una suntuosa sala del convento en que se organizaba un pequeño banquete a base de dulces preparados por los frailes: se trataba de los “zorzini” (de San Zorzi, Giorgio – Jorge), definidos "una maravegia golosa" (una maravilla golosa) por Gasparre Gozzi al tomar parte en el cortejo del dux Pietro Grimani. La vuelta al Palacio Ducal ocurría con la misma pompa y el mismo esplendor de las antorchas, mientras el pueblo – reunido en los barcos en el Muelle – gritaba el lema “Viva San Marco” y las campanas repicaban seguidamente.
Sin embargo, en  Venecia, la “Navidad” significa también algo más. Como cuenta  Alberto Toso Fei, escritor veneciano, durante la Navidad el largo Carnaval veneciano que, a partir de octubre, llegaba hasta el Miércoles de Ceniza, solo había una breve pausa; así como en la Navidad se interrumpían las “Guerre dei Pugni” (Guerras de los Puños), empezando en septiembre y viendo enfrentarse las dos facciones más antiguas y numerosas de la ciudad contrapuestas, los Nicolotti y los Castellani. Esos combates, que tradicionalmente solían hacerse sobre algunos puentes de la ciudad, fueron suprimidos para siempre después del 30 de septiembre 1705, cuando la lucha mano a mano acabó en puñaladas, causando numerosas víctimas. La leyenda cuenta que todo eso pasó durante la Nochebuena, en la que Giuliana di Collalto, fundadora del monasterio de los Santos Biagio y Cataldo en la Giudecca en 1222 (lugar exacto donde hoy en día está el Molino Stucky), obtuvo, gracias a sus oraciones, el descenso del cielo de un ángel en el medio del coro llevando entre las manos el Niño Jesus. El ángel, tras haber anunciado el nacimiento a las monjas, lo repuse  entre los brazos “dell’estatica Giuliana, che poté per qualche tempo sfogare gli affetti del suo cuore col divin pargoletto”. Según otra leyenda, en la Nochebuena, un gato negro marca pequeños círculos sobre el Ponte del Diavolo (Puente del Diablo), en Torcello: el gato representa el demonio que, anualmente, vuelve a esperar las almas de siete niños que nunca fueron bautizados y que una maga le tiene que traer a cambio de un favor remontándose a desde hace un siglo y medio, cuando juntó otra vez una chica veneciana a su amado oficial austriaco hizo matar por la familia de ella.

El domingo 19, en Génova, se tendrà la 65° edición del Palio de las antiguas Repúblicas Marineras

Celebrar las rivalidades y las conquistas de las más famosas Repúblicas Marineras, o sea Venecia, Amalfi, Génova y Pisa. Es este el objetivo del Palio de las Antiguas Repúblicas Marineras, el evento deportivo con el que, desde 1955, se organizan revocaciones históricas y que, este año, tendrá lugar durante las celebraciones por los 1600 años de la Serenísima. El domingo 19 de diciembre en Génova, tendrá lugar la 65° regata histórica en la que se enfrentarán las cuatros Republicas Marineras italianas.

En la primera edición, que tuvo lugar en la ciudad de Pisa en las aguas del río Arno, fue Venecia la que ganó gracias a sus barcos, ganando también las dos ediciones siguientes. El primer evento deportivo tuvo lugar en Pisa en 1956, aunque antes de llegar aquí, hay que volver 10 años atrás. 10 años antes de 1956, el caballero Mirro Chiaverini decidió organizar un evento deportivo entre las ciudades que en la historia habían dominado el mar. Al comienzo, su idea fue examinada por Carlo Vallini, presidente del Ente provinciale del turismo di Pisa (Organismo provincial del turismo de Pisa) lo cual, después haber aceptado la propuesta, también incluyó las municipalidades de otras tres ciudades. Esta iniciativa fue aceptada de manera muy positiva, sobre todo por el abogado Francesco Amodio, que en aquellos años era el alcalde de Amalfi y que organizó una reunión con los representantes de las cuatros ciudades. El encuentro tuvo lugar en el palacio de Pisa el 9 de abril de 1949 y, contrariamente a las expectativas, fue muy difícil poner de acuerdo las partes.  De hecho, durante la reunión el doctor Manzini, director de la oficina del municipal de Venecia, no quería que la ciudad de Venecia participara, aunque estaba de acuerdo en participar al desfile histórico. El abogado Amodio, con su discurso sobre la importancia de la regata no solo como evento histórico sino también como atracción turística, intentó convencer al doctor y, gracias a los dictámenes positivos de Amalfi, Pisa y Génova, los representantes de Venecia aceptaron participar en este evento deportivo.

Después de haber encontrado un acuerdo, se decidieron las reglas y se buscaron, en los archivos históricos y entre las obras de arte, los elementos necesarios para realizar los disfraces del desfile histórico. También empezaron a proyectar los barcos y se encontraron los fondos económicos necesarios para organizar la regata.

El 29 de junio de 1955 por primera vez en Génova se hizo una prueba con los “gozzi” (barcos) con cuatro remeros. El 10 de diciembre del mismo año, en Amalfi (en el Salone Morelli, lo que hoy en día es el Museo Histórico de Palacio San Benedetto, sede del Ayuntamiento) se firmó el acto constitutivo con lo que se creó el Ente organizzativo della regata, o sea la entidad que organiza la regata.

Los barcos, proyectados y construidos por la Cooperativa Gondolieri di Venezia, fueron inaugurados en la Riva dei Giardini Reali, tras la bendición del Patriarca de Venecia Angelo Roncalli (que luego será Papa, conocido con el nombre de Giovanni XXIII).

La primera edición tuvo lugar en Pisa un mes después, el 1 de julio de 1956. Aquel día, entre el público había el presidente de la República Giovanni Gronchi, y el ministro de la Marina, Gennaro Cassiani.

Desde la primera edición, la República Serenissima ganó 34 regatas, la última en el año 2019. 

 

Giovanni Querini Stampalia, el progresista conde veneciano que regaló todos sus bienes a la ciudad

Venecia, 9 de diciembre de 2021 – Con sus 150 años, es una de las fundaciones más antiguas de Italia. Creada por la voluntad de un veneciano que, sin duda, fue un pionero de lo que hoy en día se conoce como el “estado de bienestar”. Es la Fondazione Querini Stampalia, un muy raro ejemplo de casa que se ha transformado en biblioteca y museo, gracias al testamento del conde Giovanni Querini Stampalia, Un patrimonio de historia y de cultura que sigue existiendo gracias a la dedicación de los que lo administran. Casas, tierras, objetos de arte, colecciones, decoraciones, monedas y grabados: Giovanni Querini es el último descendiente de la familia y, cuando murió en 1869, decidió dejar todos sus bienes a su ciudad y a los ciudadanos porque pudiesen tener un lugar en el que estudiar y hablar de ciencia y cultura.

En la fachada brillan los neones del artista Joseph Kosuth que con sus palabras y con las imágenes nos hace pensar sobre los elementos que comunican en la arquitectura, creando una relación entre pasado y presente. Relación que, a pesar de las obras de restauración hechas por arquitectos contemporáneos como Carlo Scarpa, Maria Botta, Valeriano Sartor, Michele De Lucchi, no se han perdido y de hecho, transforman el palacio en una escuela de arquitectura. En la Fondazione Querini nada está fuera de lugar; todo está en armonía, el pasado con el futuro, como si el tiempo no pudiese limitar el patrimonio que, a pesar de su valor económico, lleva consigo una idea de intercambio que los venecianos han aprendido. La Fondazione Querini cuenta con un grupo de importantes seguidores, entre los 200 y 300 y más de 100 voluntarios que regalan su tiempo y su pasión a la Fondazione, permitiendo mantener abiertas las exposiciones y el museo. Luego hay las donaciones, que permiten aumentar el patrimonio de la Fondazione; entre estas hay las obras fotográficas de Mark Smith, Luigi Ferrigno, Graziano Arici y Luigi Ghirri.

“Gracias al amor que los venecianos tienen por este lugar, a menudo deciden donar su proprio bienes a la Fondazione, para sostener las actividades y enriquecer las colecciones – subraya la directora direttrice Marigusta Lazzari – no solo hay nombres famosos entre estos, sino también hay empleados que decidieron dejar sus bienes a este lugar”.

La Querini es un lugar de encuentro, muy atento a los cambios, que sigue comunicando con los venecianos, sobre todo con las nuevas generaciones, explicando cuál fue el marco que dejó Venecia en el mundo. Todo esto, persiguiendo con el espíritu de su creador, según el cual hay que añadir y nunca reemplazar.

“La Familia Querini Stampalia de Santa Maria Formosa fue una de las 12 familias que fundaron Venecia, una de las más importantes de la ciudad y que siempre desempeñó un papel importante en el gobierno de Venecia, aunque sin tener ningún Dogo, debido a la conspiración de Bajamonte Tiepolo en el 1310 – explica Lazzari –. El palacio, así como lo vemos hoy en día es el resultado de una obra de restauración en ocasión de la boda de Francesco Querini y Paola Priuli en 1528, cuando se añadieron algunas casas al edificio principal. Hoy en día en la planta baja hay los servicios, en la primera planta la biblioteca y en la segunda se puede visitar la casa-museo con todas las colecciones originales que pertenecían a las familias. Al final, en la tercera planta, hay las colecciones de la Cassa di Risparmio di Venezia donadas a la Fondazione por el banco Intesa San Paolo.

“Giovanni Querini nació dos años después de la caída de la República y vivió en una Venecia muy pobre con problemas sociales muy serios – sigue la directora -. Era un hombre extraordinario, muy sensible y atento a la sociedad. Ecléctico y curioso, estudió muchas asignaturas y se licenció en derecho, aunque se dedicó a la administración de los bienes de su familia. Compró en Francia unas maquinas para curar enfermedades particulares y las donó al Ospedale Civile de Venecia. Fue promotor del primer experimento de luz eléctrica pública en Venecia e implementó unas operaciones para convertir el hilado en la zona de Treviso menos caro. Giovanni nunca se casó ni tuvo hijos y, seis meses antes de morir, decidió dejar todos sus bienes a la ciudad y a sus ciudadanos, creando la Fondazione y poniéndolos a disposición de las personas porque pensaba que la sociedad solo podía mejorar a través de la cultura, de la información y de la formación gracias al estudio. De hecho, dejó las habitaciones donde solía vivir abierta a los estudiosos, queriendo que fuesen acogedoras por ellos. Además, quería que los servicios de la Fondazione no sustituyesen los que la ciudad ya daba, sino se añadiesen. Esta era la misión de la Fondazione y la misma que sigue animándonos”.

Aunque década tras década el patrimonio se haya parcialmente destrozado a causa de los eventos históricos, la Querini sigue siendo una joya única, un museo, un raro ejemplo de coleccionismo de una muy antigua familia veneciana que demuestra la riqueza y la capacidad que tuvo de adelantarse a los tiempos, dejando una marca indeleble en una Venecia que este año registra un cumpleaños de 1600 años.

Todo lo que pertenecia a su familia - espejos, relojes, muebles, pinturas, cerámicas – se puede ver en la segunda planta del palacio y representa un estilo que se transmite de una familia a sus descendientes.

La Fondazione registra una media de casi 50 mil visitadores cada ano, que pueden pasear entre obras de arte de Tiepolo, Bellini, Palma il Vecchio y el Giovane, además de la colección de 30 lienzos de Pietro Longhi que representan la caza de los patos en la laguna.

Aunque Giovanni no haya tenido hijos de sangre, podemos decir que, en un siglo y medio de historia, muchos han sido los hijos de corazón.

“Este lugar refleja las intenciones y los deseos de Giovanni – concluye la directora – que dejó a la Fondazione el compromiso de seguir con su pensamiento, y por eso nosotros nos sentimos responsables de llevar adelante este pensamiento en la comunidad en la que vivimos”.

 

Un largometraje para contar las huellas de la Serenissima en el Mediterráneo en ocasión de sus 1600 años de historia

Venecia, 8 de diciembre 2021- Desde Istria hasta Dalmacia, desde las Cícladas hasta Chipre, hasta el interior de Friuli y de Lombardia. Son muchos los lugares que, por mar y por tierra, todavía hoy, prueban la dominación veneciana durante su periodo de máximo esplendor, 1600 años después de la fundación de la ciudad.

Para recorrerlos y descubrir huellas de la Serenissima escondidas en las arquitecturas, en la cultura, y en las tradiciones gastronómicas de numerosas ciudades dominadas por Venecia durante su impero, Belle Époque Film decidió realizar un largometraje, Il Leone di Venezia sul Mediterraneo (El León de Venecia en el Mediterráneo). La película atravesará las noches de mar y tierra de la Serenissima contando, con una voz narrativa, la historia de la potencia marítima en un viaje pasando por varias ciudades del Medierráneo tocadas por la potencia veneciana desde Italia, Eslovenia, Croacia, hasta Monenegro, pasando por Albania, Grecia, Turquía, y Chipre. Es un viaje emprendido de primera mano por los directores de la película para tocar cada testimonio del pasaje veneciano a través del Mediterráneo. Por tanto, decidieron presentar al público el resultado derivado por ese trabajo producido en 2005.

El documental se oraniza en 7 entregas, con una duración de 10/15 minutos cada una. La publicación va a empezar a partir del 10 de diciembre, cada diez días, hasta el 10 de febrero en YouTube (https://www.youtube.com/c/tizianobiasioli) y en el sitio internet www.leonevenezia.eu.

No solo en la arquitectura y en el arte, sino también en el habla y en la vida cotidiana aparecen  los rastros de la domincación de Venecia en el Mediterráneo. Por ejemplo, las recetas tradicionales venecianas todavía presentes en la cocina de diferentes ciudades dominadas antiguamente por la Serenissima. Solo piense en el bacalao, todavía preparándose de la misma manera en las dos costas del Adriático de hoy.

Il Leone di Venezia sul Mediterraneo es una reseña de arte, cultura, arquitectura civil, religiosa, y militar bajo el ala del león de San Marcos para demostrar que el Mediterráneo es un mar capaz de unir y no de dividir. En fin, ese mar todavía lleva consigo testimonios importantes de la historia de Venecia al vivir en el sustrato cultural, histórico, artístico, y dialectal de todas las ciudades que fueron tocadas por su larga dominación.

 

 

 

Par tera e par mar: una docuficción para contar el mito fundacional de Venecia y de la historia de sus 1600 años

Venecia, 10 de diciembre 2021 – Contar la historia de Venecia y de sus 1600 años a través de una docuficción. La ciudad, al celebrar su mítica fundación en 421, este año el Cers (Consorzio Europeo Rievocazioni Storiche: Consorcio Europeo Recreaciones Históricas) presenta diez episodios divididos entre capítulos históricos y temáticos, llamados “Par Tera Par Mar: 1600 años de historias venecianas”. 
Episodios con una duración de más o menos 3 minutos cada uno. Se trata de mini-ficciónes propiamente dichas. Su objetivo es el de recordar una historia que va más allá del mito fundacional y que tiene sus raíces a lo largo de los siglos y en el lema “Par tera e par mar” (a través de la tierra y del mar), recordando la inmesidad de la gloria de Venecia y de San Marcos debida a sus dominaciones en la tierra y en el mar, pero también en su capacidad de ser encrucijada de culturas. Protagonistas de unos sesenta recreadores en contexto histórico, con una voz narradara superpuesta contándonos la historia de Venecia en todos sus aspectos. Los vídeos, en italiano con subtítulos en inglés, tratan varios tópicos recorriendo la génesis de la ciudad, sus complejas dinámicas y sus aspectos sociales también: por ejemplo, cómo los paleo vénetos llegaron de la tierra firme a la laguna, la Serenissima República de los viajes y de los mercantes, de las mujeres protagonistas de las historia veneciana entre el medioevo y el Setecientos, la magistratura veneciana, las cortesanas y de los chichisbeos, el carnaval de Venecia entre historia y mito, e incluso la Venecia ganadora contra la peste, hasta llegar a la decadencia y al fin de la República.
“El proyecto nace como spin-off realizado en ocasión del Carnaval de Venecia 2021. Al realizar unas vídeos-píldoras dedicadas a Venecia, estábamos pensando ya en un posible uso promocional o celebrativo por sus 1600 años – explica Massimo Andreoli, responsable del proyecto – al rodaje inicial, por tanto, se añadieron otros sets de filmación, así que se cuentan con todo detalle algunos elementos significativos para nosotros de la historia de nuestra ciudad. Contamos así sus orígenes, sus características políticas principales, sociales, culturales y, en conclusión, la inevitable caída de la República en 1797”.
Los cortometrajes fueron rodados en Venecia (Palazzo Ducale, Museo di Palazzo Mocenigo, Palazzo Pisani Moretta y Palazzo Barbarigo della Terrazza), en Mestre (Forte Gazzera) y en Bolovone (Parco Valli del Menago).
A partir de esos 10 episodios ,ha nacido un mediometraje que se va a presentar el miércoles 15 de diciembre a las 18 en el restaurante Al Colombo en Venecia (entrada con reserva previa, hasta agotar disponibilidad, escribiendo al correo segreteria@cersonweb.org).

Santa Lucía, mártir sin paz lleva 900 años descansando en Venecia y protegiendo a los peregrinos infundiendo luz y paz

Venecia, 6 de diciembre 2021 – Está considerada la protectora de los ojos, de los oculistas, de los electricistas, y de los niños. En algunas ciudades de norte, la noche de Santa Lucía, el 13 de diciembre, es una noche mágica esperada por los pequeños. Según la tradición, esa noche, la Santa monta su burrito para traer los dulces y los regalos a los niños que se han portdo bien durante todo el año. En Venecia, miles de peregrinos van a visitar sus despojos guardados en la iglesia de San Jeremías, mejor conocido como el santuario de Santa Lucía. Aquí mismo, en Venecia, Lucía encontró la paz tras muchas peripecias.

Las celebraciones en honor de la Santa se van a inaugurar con el concierto “Nova lux” de la compositora y cantante lírica Gloria Bruni, que se va a desarrollar el sábado 11 de diciembre a las 18. Se trata de uno de los eventos organizados en concomitancia con las celebraciones dedicadas a los 1600 años de Venecia, ocasión para ver también la restauración tambié del santuario. El programa prevee la ejcución de diferentes temas sagrados compuestos por Bruni, el que va a performar en esta ocasión también como soprano junto al cuarteto Lux (compuesto por las primeras partes de la orquesta del Teatro La Fenice), y tocando oboe y guitarra.

La historia de los despojos de Santa Lucia tienen raíces lejanas, remontando a los 1600 años de vida de la Serenissima. Lucía, una de las figuras más queridas por la devoción cristiana, nació en Siracusa en una familia adinerada alrededor de 283. Prometida en matrimonio a un pagano, la joven se consagró al Señor haciendo un voto de virginidad y expresó su determinación en entregar sus pertenencias a los pobres. El joven que deseaba casarse con ella, la denunció al prefecto. Según la tradición, el 13 de diciembre del 304 Lucía murió, tras crueles torturas. A ella se atribuyeron numerosos prodgios incluso antes de morirse. Por ejemplo, según fuentes latinas, logró sobrevivir a una hoguera de la que salió totalmente incólume y, por eso, fue decapitada o apuñalada en la garganta.

Su cuerpo permaneció por muchos siglos en Siracusa hasta que, en 1039, sus restos mortales se trasladaron a Costantinopla como botín de guerra, para donarlos a la imperadora Teodora por parte del general Maniace, el que quitó Siracusa de la dominación islámica. Es el momento en que ingresa Venecia, a través del dux Enrico Dandolo que, durante la IV cruzada de 1204, hice recoger los restos de la Santa en Costantinopla para traerlos en Venecia.

Lo primero, el cuerpo de la Santa fue trasladado a la iglesia de la isla de San Giorgio Maggiore. Sin embargo, en 1279, en una peregrinación atestada, el mar agitado volcó los barcos que estaban yendo de procesión hacia la isla y unos devotos se murieron. A partir de este hecho, se tomó la decisión de encontrar una nueva colocación en la ciudad y ya no en una isla: el senado de la Serenissima identificó la iglesia de Santa María Annunziata en Cannaregio y el 18 de enero de 1280, los despojos se trasladaron a una procesión solemne. La iglesia fue consagrada al culto de Santa Lucía.

Ni siquiera en ese lugar la mártir consiguió descansar para siempre. Porque en 1806, con decreto napoleónico, la comunidad conventual fue suprimida y, a causa de la construcción de la nueva estación de trenes, la iglesia y el convento fueron demolidos entre 1861 y 1863. En memoria de la presencia del edificio de culto, la nueva estación fue nombrada “Venecia Santa Lucía”.

Las reliquias, en cambio, se trasladaron a la Iglesia de San Jeremías: con el traslado de las santas reliquias, la iglesia se dedicó a San Jeremías, desde hace el año Mil en que consiguió el título de Lucía.

Pero también en San Jeremías, el cuerpo de la Santa no lograba tener paz. En 1981, las reliquias fueron protagonistas de un episodio de de crónica negra en la ciudad: era el 7 de noviembre cuando dos jóvenes rompieron el relicario de cristal y tomaron los restos de la Santa, que estaban envueltos en terciopelo rojo, salvo la cabeza y la máscara de plata cubriéndola. Un mes llevado buscando las reliquias que, luego, fueron encontradas dentro de una cabaña en la barena (típico trecho de tierra emergiendo de la laguna veneciana) del Montiron, dentro de una bolsa de plástico. De ese modo, el cuerpo fue reconstruido y, tras 36 días, el 13 de diciembe de 1981, Lucía fue traída otra vez a la iglesia y colocada en su terciopelo rojo por las mismas monjas que desde hace cincuenta años realizaron su vestuario. Desde entonces, en ese lugar, la Santa descansa en paz, en el nuevo relicario de cristal antibalas y gracias al sistema de alarma. Santa Lucía lleva ya 900 años velando sobre todos los peregrinos, así como dice la inscirpción destacándose al exterior del santuario: “Lucia Vergine di Siracusa in questo tempio riposa. All’Italia e al mondo ispiri luce e pace” (“Lucía Virgen de Siracusa en este templo edscansa. A Italia y al mundo inspiras luz y esperanza”).

 

Venecia, la ciudad en que nacen las gafas y donde en 1700 ya se usaban lentes verdes para filtrar la radiación ultravioleta

Venecia, 29 de Noviembre 2021 – No hay duda, las gafas fueron inventadas en Venecia. Un descubrimiento con orígenes muy lejanas, entre 1200 y 1300, que empieza desde Murano y Venecia hasta conquistar el mundo entero. Un raro objeto surgido como prótesis y, luego, siglo tras siglo, convertido en un must en todos los desfiles de moda. Como bien sabe Roberto Vascellari, trasladado del Cadore a la laguna en 1957, óptico por pasión heredada de su padre, presidente del comité científico del Museo de las gafas de Pieve di Cadore, y coleccionista apasionado capaz de adquirir las piezas más únicas y raras existientes.

Todo empieza el 23 de febrero de 1305 con un sermón de un sacerdote en Santa María Novella en Florencia, al decir haber hablado con el hombre que inventó las gafas. Sin embargo, el documento más antiguo pertenece a la República Serenissima, en concreto, al Estatuto de los Cristalleri que, en 1300, prohibe producir objetos de cristal (vidrio) y venderlos como cristal propiamente dicho. En este lugar, por primera vez, aparece la frase “roidi da ogli e lapides ad legendum”, que significa discos para los ojos y piedras para leer. Entonces, a pesar de los varios asuntos, las ciudades de Florencia y de Pisa intentaron ganar la invención. Las documentos históricos, en cambio, demuestran la pertenecia de las gafas a Venecia, sin duda alguna.

“Lapides ad legendum” son los primeros sistemas de ampliación, es decir, las que en veneciano eran las piere da lexer: bloques de cristal de roca que, al apyarlos sobre cualquier manuscrito, daban la posibilidad de ampliar lo que se estaba leyendo – Vascellari explica – entonces, quiénes trabajaban tenían que tener las manos libres: de aquí nacen las primeras lentes que, apoyadas delante de los ojos, se nota que permiten ver el objeto más amplio. El pasaje sucesivo consiste en tener una simple astita y una simple lente, a la que se añade otra. Finalmente, se juntan, se fijan y así nacen las gafas”. Una evolución que, en relidad, está lejos de ser sencilla y rápida, porque toma 400 años antes de que un óptico inglés, Edward Scarlett, en 1700, dé estabilidad a las gafas a través de la invención de las dos astitas laterales. En el medio de esos 4 segundos se encuentra el mundo: especialmente, se habla de la evolución de la forma de las gafas y de la calidad de las lentes hasta llegar al catalejo de Galileo Galilei, con el que se revolucionó la astronomía.

“La forma de las primeras gafas es realizada con dos astitas remachadas, hay un perno que se apoya sobre el tabique nasal, y se intenta manener este objeto con la mano, porque las gafas eran claramente inestables –sigue el óptico – desde entonces, la evolución nos llevó hasta las formas más raras y diferentes. Pues lo más importante fue el descubrimiento de la lente, por parte de nosotros los venecianos, que surge a causa de la dificultad de los présbitas al mirar de cerca. Los que tenían una actividad artesanal tenían crisis tras los 40 años, con la lente se revoluciona la vida de la gente”. En Murano, donde la Serenissima había deslocalizado todas las vetrerías para salvaguadar los secretos del arte, se producían las lentes que eran trabajadas por los ópticos venecianos. En el marzo de 1317, el hijo de un cirujano llamado Francesco, obtiene el permiso de producir “oglarios de vitrio”, gafas de cristal, y de venderlos en la ciudad. Se trata del primer documento acertando la activdad de un óptico en Venecia.

“Digamos que en 1700 es Francia la que las convienrte de prótesis en accesorio de moda – explica Vascellari – de hecho, las gafas se usaban en el teatro y en público. Por ejemplo, las impertinentes, las gafitas con astilla, hacían levantar el codo de manera sensual a las damas. Es algo que saca las gafas afuera del mundo de la prótesis, es decir, de la corrección visual, para ingresar al mundo del acesorio y de la ropa”.

Los venecianos no solo inventan las gafas, sino descubren primeros que la lente verde protege los ojos y la piel de los rayos ultravioletas con casi 120 años de antelación del descubrmiento de su nocividad. Son las gafas de sol, según las damas en las gondolas, convirtiéndose en cristales de gondola propiamente dichos, para no broncearse durante el trayecto en laguna. Se conocen como las “gafas de Goldoni” porque se producen en 1700, son unas gafas de sol estabilizadas con dos astillas laterales, lentes con alta protección, y bandas laterales reparando del aire, del viento, de las salpicaduras de agua, del deslumbramiento de la luz. El cristal casi siempre es verde, en opsición al cristal azul usado en las gafas producidas en el Norte de Europa.

“Alrededor de 1820 nace una diatriba entre verde y azul oscuro y se pensaba qe el azul era claramente superior porque se había notado que las plantas bajo el cristal azul crecían exuberantes – señala Vascellari – en cambio, es el cristal verde el capaz de filtrar las ondas ultravioletas, aquellos rayos luminosos que no logramos ver como peligrosos y que dañan a nivel cutáneo y visual. Estos rayos dañinos se descubrieron en 1810 y se declararon como peligrosos en 1880. Nuestros cristales venecianos de 1700 paraban totalmente todos los ultravioletas”.

Coleccionista apasionado, Vascellari consiguió adquirir uno de 5 “cristales de dama o de gondola” presentes en el mundo: con forma de espejo, de laca veneciana con pequeñas imagenes pegadas y un gancho para colgarlo en la gondola y cogerlo fácilmente. En el centro, se destaca un gran cristal de color verde permitiendo a las damas mantener el color de la piel blanco, es decir noble. Piezas únicas, adjudicadas por Vascellari en subastas, o al dar la vuelta por los anticuarios, en que aparecen las gafas pertenecidas incluso al dux, o a la familia del dux, Alvise Mocenigo cuarto, sobre el que estuche está fijado el cuerno del dux. Hasta los estuches producidos en Venecia eran verdaderas obras de arte propiamente dichas, de madera, barnizados o lacados, parecen libros de historia sobre que se cuentan episodios conectados a acontecimientos de la vida veneciana, o bien testimonios y relaciones de guerra.

“Empecé a trabajar en la tienda de mi padre en 1979 y, en vista de que me gustaban los muebles antiguos, llevaba tiempo dando vueltas por los mercadillos, hasta que un día me topé con unas gafas que nunca había consiedrado, a pesar de que yo era óptico – concluye Vascellari, que también escribió numerosos libros sobre la historia de las gafas y que ahora está a punto de acabar un libro específico sobre su evolución en Japón – un descubrimiento que me me encantó así de tanto que empecé a comprar muchos libros sobre el tema y a coleccionar muchos libros sobre el tema también. Coleccionar, para mí, se ha convertido en una adicción, una pasión que me entró dentro, especialmente al descubrir la historia que se queda por detrás de cada pieza recién comprada. Venecia guarda un mundo que contar”.

Desde Venecia la mejor producción de catalejos y Galileo Galilei desde el campanario de Venecia presenta su “cannnon”

Venecia, 24 de novimbre 2021 – De madera, de marfil, de hueso, de cuero o de pergamino, antes con finalidad militar, luego para observar el cielo y descubrir informaciones que revolucionaron la historia del universo. Se trata de los catalejos, aquellos instrumentos que siguieron el descubrimiento de las gafas. Esos instrumentos tienen paternidad veneciana, se construían y se exportaban con gran éxito en la ciudad. El día 21 de agosto de 1609, Galileo Galilei opta por el “paron de casa” (dueño de la casa), el campanario de San Marcos, para presentar su último extraordinario descubrimiento: el “cannon”, como solían llamarlo los venecianos. Galileo sube al campanario junto a los más importantes cargos públicos de la República de la Serenissima y, delante de Leonardo Donà, 90º dux, para mostrar la potencialidad del instrumento que podría ayudar la Serenissima a vencer al enemigo. De hecho, escribe en su carta para el dux lo que sigue “potendosi in mare in assai maggior lontananza del consueto scoprire legni et vele dell’inimico, sì che per due hore et più di tempo possiamo prima scoprir lui che egli scuopra noi, et distinguendo il numero et la qualità de i vasselli, giudicare le sue forze, per allestirsi alla caccia, al combattimento o alla fuga; et parimente potendosi in terra scoprire dentro alle piazze, alloggiamenti et ripari dell’inimico da qualche eminenza benché lontana, o pure anco nella campagna aperta vedere et particolarmente distinguere, con nostro grandissimo vantaggio, ogni suo moto et preparamento; oltre a molte altre utilità, chiaramente note ad ogni persona giudiziosa”.

Se trata de un evento recordado también con una placa conmemorativa en el campanario, desvelada el 7 de junio de 2009 en ocasión de los 400 años de las primeras observaciones astronómicas: “Galileo Galilei con su cantajo desde aquí el 21 de agosto 1609 ampliaba los horizontes del hombre en el cuarto centenario”.

Así es que las cristalerías de Murano se pusieron a trabajar para construir un instrumento que luego llegaría a estar de moda en todo el mundo.

“Las lentes eran producidas de cristal de roca y el mismo Galileo, hasta 1620, compró lentes de Murano – explica Roberto Vascellari, óptico veneciano así como colecconista y presidente del comité científico del Museo de Gafas de Pieve di Cadore – las lentes se producían en las cristalerías y, sucesivamente, procesado por los ópticos. Es evidente que la combinación entre una lente negativa y un positiva dirigió Galileo hacia mejoras acerca del que parece ser el primer catalejo llegado desde Holanda, porque la calidad visual introducida por Galileo está muy por encima en comparación con los demás”. Hasta el punto de que en Holanda declararon que los catalejos venecianos, especialmente los de un hombre llamado Bacci, son mejores de cualquier otro catalejo por ahí. De hecho, incluso cuándo lo científico padano se trasladó a Florencia en la corte de los Medici e intentará hacer fabricar las lentes por un cristalero florentino con poco éxito, durante años fue obligado a recurrir a los cristaleros de Murano y a su maestría sin igual.

En su laboratorio, a poca distancia del puente de Rialto, en ocasión de los 1600 años de la fundación de Venecia, Vascellari preparó un escaparate dedicado a la producción de catalejos de 1600 y 1700, realizados en Venecia tras el descubrimiento de Galileo. “Todos están hechos de cartón piedra compuestos de anillos de sello o de anillos para sostener la lente objetiva, en cambio, hechos de madera, marfil, cuerno, plata, o latón – explica – son catalejos para la visión a larga distancia con la construcción típica de Galileo, el que juntó una lente positiva y una negativa para mantener la imagen ampliada aunque enderezada al verla. Posteriormente, Keplero construyó un catalejo con dos lentes positivas capaces de dar mayor amplicación para la astronomía, pero poniendo al revés la imagen. Existen también dos sistemas para enderezar y para aumentar su potencia con respecto al catalejo de Galileo, pero el concepto inicial era una lente única tanto positiva como negativa”.  En la musetra hay también pequeños catalejos, pequeños objetos de hueso y de cartón piedra, de laca veneciana con inserciones de oro, que las damas solían utilizar en los teatros para observar mejor los actores o “espiar” alguien entre el público.

Ca’ Foscari celebra el cumpleaños de Venecia con el talento creativo de Fabrizio Ottaviucci durante dos días dedicados a la música y a la improvisación

Venecia, 23 de noviembre 2021 – Un piano, una mente llena de creatividad, y dos manos deshaciendo una maraña de notas todavía quedándose en la imaginación. La Universidad Ca’ Foscari de Venecia decide rendir homenaje a Venecia por sus 1600 años de aniversario así, a través de la música con las capacidades interpretativas y de improvisación de Fabrizio Ottaviucci, gran exponiente del mundo del piano italiano. El compositor vuelve a Venecia como invitado de Musicafoscari, proyecto de la unversidad veneciana enteramente dedicado a la música, nacido en 2010 y dirgido por Daniele Goldoni.

El jueves 25 de noviembre a las 21.00, en el Auditorium Santa Margherita, Fabrizio Ottaviucci va a actuar en un concierto de piano con dos de las obras más representativas  de la producción de John Cage, piezas de Giacinto Scelsi, y una improvisación del mismo Ottaviucci. Este conjunto convierte el concierto en un espectáculo que va a transportar el público en una dimensión fluida y libre de todos los estilos y fronteras musicales.

Los días siguientes, el compositor e improvisador va a trabajar junto con los estudiantes-músicos dentro de los talleres permanentes de música del proyecto Musicafoscari, sobre los temas de la improvisación. Estas clases va a ser puestas en práctica por los chicos en una actuación final abierta al público, el sábado 27 de noviembre 2021 a las 18.30 en el Auditorium Santa Margherita.

El acceso al concierto del 25 de noviembre es libre con previa prenotación obligatoria. En cabio, para acceder a la actuación final del 27 de noviembre habrá que apuntarse.

Para acceder a ambos eventos será necesario tener la certificación verde (Green Pass) válida. Para más información entrar al sitio dedicado:  www.unive.it/pag/27326

 

 

Venecia en dos minutos: píldoras sobre la historia de la ciudad para celebrar los 1600 años de Venecia

Venecia, 22 de noviembre 2021 –  Una Venecia en píldoras para contar la historia de la Serenissima a través de sus 1600 años. Breves vídeos, de la duración de dos minutos cada uno, sobre temas que puedan atraer un gran público extranjero. Para celebrar los 1600 años de la fundación de Venecia, los guías turísticos de Best Venice Guides con la colaboración del videomaker Gianguido Perzolla, a partir del martes 23 de noviembre, con periodicidad semanal, van a publicar en el canal de YouTube y en su página de Facebook una serie de vídeos promocionales para valoriar las múltiples facetas de una ciuad antigua y milenaria. Su objetivo princial es remarcar la vitalidad, la riqueza y la maestría de los varios campos de conocimiento, del arte, del espectáculo, de la artesanía, de la moda, para hacer saltar a los ojos el encanto y las bellezas de la laguna, sin olvidar la tradición de la cocina veneciana.

En total nueve videos realizados en inglés, ruso, español, aleman, francés, y portogués, todos con subtítulos en inglés, con el objetivo de alcanzar el gran público internacional. Se quiere picarle  la curiosidad a la gente para que tome conciencia de la riqueza y de la variedad del patrimonio concentrado en la identidad de una ciudad única en el mundo, Venecia.

Además de celebrar las antiguas y recientes glorias, a través de estos breves vídeos, los guías venecianos sensibilizan al gran público acerca de la fragilidad de la ciudad de la laguna, a fin de promover un tipo de turismo cuidadoso, respetuoso, y sostenible.

Específicamente, los temas que tratan los vídeos son: los jardines venecianos, la música de las “putte”, la gonola, el papel jaspeado, las máscaras, la moda y los tejidos, los espejos venecianos, la cocina local.

A continuación, el enlace del primer vídeo explicando el proyecto general.

 

 

La Escuela Naval Morosini sigue escribiendo la historia de la ciudad renovando el lema de Venecia reina de los mares

Venecia, 17 de Noviembre 2021 – Despertador puesto a las 6.00 de la mañana, desayuno, izamiento de bandera y dirección hacia las aulas para las primeras clases del día. Estudio, entrenamiento, esfuerzo. Trabajo individual y trabajo en equipo. Ser alumno de la Escuela Naval Militar Francesco Morosini significa pertenecer a un pedazo de la historia moderna de Venecia que, este año, celebra su 1.600 años de su fundación. A partir de adolescentes hacia convertirse en cadetes, de chicos llevando un par de vaqueros a pequeños hombres y mujeres de huniforme. Hay que tener valor, determinación, y un gran sentido del deber para ser aprendiz del Morosini de Venecia y para continuar a renovar cada vez más, con constante compromiso y una  innata vocación hacia el mar, la historia de uno de los símbolos de la ciudad: el antiguo lema de Venecia reina de los mares.

Esta escuela siempre se ha dedicado a la formación de jóvenes chicos y chicas, de los 16 a los 18 años y, en el pasado, formaba parte del Arsenale de Venecia. Hasta los años ‘60 era colegio, en cambio, hoy en día se ha convertido en un gimnasio tratando de transferir un fuerte amor hacia la cultura clásica y científica a los alumnos, además de tranferir una actitud atlética y de consolidar la pasión hacia el mar. Este último, una vez llevada a cabo la escuela, les llevará a los estudiantes a ser los futuros representantes de este sector a nivel local y nancional.

Venecia lleva adelante, de ese modo, su esencia de ciudad nacida y crecida rodeada por el mar. De hecho, decidió compartir su historia, sus hazañas, su cotidianidad con este elemento natural imprevisible y mudable, aunque, muy encantador.

“Nuestro destino ha sido y siempre será sobre el mar” dice el antiguo lema de la Escuela Morosini de Venecia y, aún hoy, el instituto, como la ciudad misma, actúa como portavoz de un objetivo de intercambio, conexión, y amor hacia el mar.

Por esta razón, la escuela naval veneciana con sede en Sant’Elena elegió abrir sus puertas al público con un evento para la sensibilización de los ciudadanos y para contar, a través de una experiencia directa de sus propios estudiantes, aspectos inéditos de un programa escolar militar exclusivamente dedicado a la vida con y para el mar, desvelando la historia y las curiosidades de la importante y antigua estructura acogiendo este instituto veneciano.

Pasándose el testigo, como en una especie de relevo con una duración de más o menos 40 minutos, los chicos del Morosini van a mostrar su vida dentro de la escuela, en una breve gira por etapas, las obras de arte conservadas en el Instituto, e la historia del lugar acogiéndoles durante los últimos tres años de su formación escolar de secundo grado.

El domingo 20 de noviembre 2021, la Escuela Naval Militar Francesco Morosini va a organizar un día de “Puertas Abiertas” desde las 14.30 hasta las 17.30, dirigida a todos los que querrán descubrir el patrimonio histórico-artístico presente en el distrito de Sant’Elena.

Pequeños grupos de apasionados, aspirantes cadetes o simplemente curiosos podrán vivir una experiencia apasionante al descubrimiento de un lugar que no abre a menudo sus puertas al público. Se dará la bienvenida con los chicos contando pequeñas curiosidades de naturaleza histórico-artística sobre la escuela en que están transcurriendo sus últimos tres años de instituto ciéntifico y clásico tradicional, entre reglas, deporte, y estudio. A partir del león “marcinano” (de S. Marco evangelisa) vigilando la entrada del instituto, hasta el primer ladrillo de la escuela puesto en 1935, y tomado símbolicamente por el antiguo Arsenal de Venecia para subrayar la conexión entre la escuela y el Arsenal, desde las bombardas de la Primera Guerra Mundial hasta los dibujos de Hugo Pratt, desde las preciosísimas colecciones de minerales, hasta los cuadros de 1700 representando los triunfos de Francesco Morosini, pasando por los mosaicos representando el Imperio Romano y el Imperio Italiano durante su máxima expansión y, por último, el aula magna y la fascinante historia de la incorporación de las mujeres en el instituto que, hasta 2009, era únicamente para hombres.

La iniciativa nació en colaboración con el Comité para la volorización del patrimonio histórico-artístico de la Escuela Naval y se beneficia del patrocinio del Ayuntamiento de Venecia. E posible hacer las reservas escribiendo un correo a la dirección snmfmorosini@gmail.com. Para entrar en el Instituto hay que tener el green pass y durante toda la duración de la visita hay que llevar la mascarilla puesta.

 

La Fundación Querini Stampalia cuenta 1.600 años de historia veneciana a través de su arte

Venecia, 16 de noviembre 2021 – Un itineraio ideal, paso tras paso, hacia atrás en el tiempo. Mirando de cerca algunos entre las más bonitas pinturas, objetos de porcelana, libros antiguos y obras de arte capaces de esconder escenas importantes de la histora de Venecia larga 1.600. Para contarse y para contarla, a través de un inédto punto de vista, la larga historia de la ciudad y acogiéndola. De esa manera, la Fundación Querini Stampalia organiza una muestra artístico-musical en colaboración con Cecilia Vedrasco, Pietro Tonolo, y Giancarlo Bianchetti. El evento permitirá al público descubrir aspectos desconocidos de la historia de Venecia y da la importante colección de arte del museo, gracias a la visita completa de la Fundación y a conciertos musicales temáticos, en Campo Santa Maria Formosa.

Las citas de Altro, Altrove. Spaesamenti musicali (Otro, En otra parte. Desorientaciones musicales), están previstas desde noviembre 2021 hasta febrero 2022. Se trata de tres etapas de un itinerario al descubrimiento de las preciosísimas colecciones de la Fundación veneciana, a través del arte, de la historia, y de la música. El evento acompañará al público en un viaje atractivo enfocado en tres temas principales, desde las metamórfosis hasta los sueños pasando por el juego. Cada uno de ellos se profundiza antes a través del arte y, después, de la música escuchando piezas basadas en el repertorio histórico y contemporáneo, improvisaciones jass y composiciones inéditas.

La primera fecha está prevista para el miércoles 17 de noviembre a las 18.00 con un leitmotiv sobre el tema de las “metamórfosis en el mito”. A partir de las Metamórfosis de Ovidio, el evento va adentrándose en la visita de las obras de la Colección rememorando ese importantísimo concepto en el mundo clásico, hasta llegar a inebriarse, a las 19.00, con los sonidos de las flutas, de los saxófonos, y de las guitarras uniéndose en un concierto a cargo de Cecilia Vendrasco, Pietro Tonolo y Giancarlo Bianchetti. Finalmente, el evento, se va a concluir con un aperitivo.

Más citas de la exposición van a profundizar los temas de las “digresiones en los sueños”, empezando por la Hypnerotomachia Polyphili, el 27 de enero 2022 a las 18.00. En cambio, el último evento va estar enfocado en el tema de los “juegos y disfraces” que tendrá lugar el 17 de febrero 2022 siempre a las 18.00, en ocasión del Caranaval de Venecia 2022, con las sugestiones de las obras de Gabriel Bella.

La entrada está permitida con previa reserva enviando un correro electrónico a la dirección  manifestazioni@querinistampalia.org al costo de 22 euros por persona por cada evento. Las entradas son limitadas y para acceder es necesario presentar el Green Pass.

 

 

La historia de Dolo, pueblo rural convertido en centro económico y cultural durante la época de la Serenissima

Venecia, 3 de Noviembre 2021 – A pocos kilómetros de Venecia, a lo lago de la ribera del Brenta, surge el pequeño pueblo de Dolo. Se trata de una joya pertenciente a la tierra firme veneciana que tiene su relación con la Serenissima remontando a la antigüedad. Es posible visrumblarla a través de sus palacios, de las iglesias, y de las calles de la ciudad, todos elementos probando el dominio de una potencia que este año celebra 1.600 años de su nacimiento.

Solamete al pasear por las calles de Dolo, es posible notar todos eso. Por ejemplo, al levantar la mirada hacia la fachada de la Catedral de San Rocco se puede ver, entre el marmol blanco y las columnas de la iglesia, el rostro de San Giorgio Maggiore en Venecia y descubrir, ahí cerca, un campanario recordando el aspecto y los colores de “El Paron de Casa” (el dueño de casa, campanario) de Plaza San Marcos. Se puede reconocer Venecia a lo largo de las calles de Dolo, incluso escuchando el sonido del agua fluyendo a través de las palas del molino de la ciudad haciéndonos imaginar el mismo chapoteo de los canales venecianos al pasar de las gondolas. De la misma manera, solamente al posar los ojos en el histórico “Squero” de la ciudad, el único de toda la ribera del Brenta, lleva enseguida nuestra imaginación al trabajo de los carpinteros de ribera de la ciudad de la laguna.

El primer contacto entre Dolo y Venecia occurre en el siglo XVI, dos lugares poco distantes geográficamente, sin embargo, hasta aquel entonces, todavía lejos por lo que se refiere a sus recíprocas relaciones. Lo que empieza a crear una conexión entre la ciudad de la laguna y este pequeño pueblo véneto fue una decisión tomada en 1.500 por el gobierno veneciano. Ese año, de hecho, Venecia elige recualifcar parte de su tierra firme para convertirla en una etapa alternativa a los tráficos del Mediterráneo, que empezaron a reducirse tras el descubrimiento de América y el desarrollo del comercio al extranjero.

«Gracias a la venta repentina de terrenos de la tierra firme ha la nobeza veneciana – cuenta Elisabetta Vulcano, fundadora del Centro Studi Riviera del Brenta – que nace del crecimiento de la ganadería y de los cultivos de las tierras de las villas de la ribera de Brenta que, a distancia de siglos, se convertirán en ejemplos de esplendor y elegancia, además de sedes de las estancias de los nobles venecianos en tierra firme, transformando, de esa manera, un lugar descnocino dentro del “buen salón” de la rivera»

La relación entre Dolo y Venecia se establece a causa de otro elemento también: el río Brenta. Este curso de agua, considerado por los venecianos la continuación imaginaria del Canal Grande, fue recurso para la realización de un desarrollo comercial, económico, y mundano de la ciudad. El canal navegable del Brenta, todavía existiente en Dolo, dividía el pueblo en dos polos distintos. Por un lado el polo social delimitado por el Café Commercio, primer lugar público de la ciudad surgido al seguir el ejemplo de los típicos cafés venecianos; por otro lado, está el polo económico constituido por la presencia del molino monumental, centro nerurálgico de la actividad económica de la ciudad, y por la presencia de lo “squero” en el que se reparaban “burchi” y “burchielle” (tipologías de embarcación) e impermeabilizantes para los fondos de los barcos, y las históricas “chiuse” (diques) dedicadas al transporte de la mercancía y de la gente alrededor de la ciudad.

Estas últimas representan una gran revolución para la ribera del Brenta. Construidas según el proyecto de Leonardo Da Vinci, los óvalos cerrados de Leonardo estaban situados en cuatro lugares de la tierra firme veneciana: Dolo, Mira, Stra, y Moranzani. Estas aseguraban una correcta navegación desde y hacia la ciudad de la laguna, suavizando el dsnivel de 12 metros entre Padova y Venecia.

«En el pasado, sin embargo, pasar a través de un dique con un “burchiello”, por cierto, no era un proceso rápido como se podría imaginar hoy en día – explica Elisabetta Vulcano – los quién pasaban, de hecho, tenían que esperar horas entre los diques antes de poder seguir la navegación por el río y, por eso, alrededor de esos sistemas hidráulicos, surgieron pequeñas plazas comerciales en las que los comerciantes esperaban jugando a los dados, comprando unas mercancías en los puestos preparados a lo largo de la orilla, o bien, bebiendo un “puncio della barcarola” en el Café Commercio, como testifican algunas obras de Giambattista Cimaroli y Francesco Costa»

En cada esquina de Dolo, a partir del más desconocido, como la calle de los Calafati, hasta lo más  imponente y majestuoso, como el lugar acogiendo el pequeño “Paron de Casa”, encontramos otra vez la historia, la cultura y el saber veneciano que, en poco tiempo, logró convertir un pequeño país de la ribera del Brenta en uno de los centros culturales, sociales y económicos más importantes de la época de la Serenissima.

 

 

La fiesta de la “Madonna della Salute” cuando, cada 21 de noviembre, los venecianos renuevan sus votos para recordar el final de la epidemia de peste de 1630

Venecia, 15 de noviembre de 2021- Un largo y lento camino que cada año los venecianos afrontan el 21 de noviembre para prender velas en la iglesia de la Virgen de la Salud, ubicada en el barrio de Dorsoduro. Ni lluvia, ni viento, ni nieve que vayan a detener a los ciudadanos, en el día de la Virgen de la Salud, es un deber ir a orar y pedir protección para sí y para los seres queridos. En ocasión de la fiesta, cada año se construye un puente móvil votivo, que conecta el barrio de San Marco con el de Dorsoduro, por ese puente pasa una procesión lenta y larga compuesta por amigos y familiares. Al igual que hace cuatro siglos, cuando el duce Nicolò Contarini y el patriarca Giovanni Tiepolo organizaron durante tres días y tres noches, una procesión que reunió a todos los ciudadanos que sobrevivieron a la peste. Los venecianos hicieron voto solemne a Nuestra Senora jurando de construir un templo en su honor si la ciudad hubiera sobrevivido a la epidemia.

El vínculo entre Venecia y la peste está hecho de muerte y sufrimiento, pero también de voluntad para comenzar de nuevo con fuerza. Venecia se enfrentó a dos epidemias de las cuales aún lleva cicatrices. Episodios dramáticos que causaron decenas de miles de muertes en pocos meses: entre 954 y 1793 en Venecia hubo sesenta y nueve episodios de pestilencia. Entre estos el más significativo fue el de 1630, que luego llevó a la construcción del templo de la Salud, firmado por Baldassare Longhena, y que costó a la Republica 450 mil ducados.

La peste se extendió por toda la isla, en primer lugar en el Barrio de San Vio, y luego por toda la ciudad, también a causa de los comerciantes que vendían las ropas de los muertos. Los 150 mil habitantes estaban asustados, los lazaretos llegando a su límite de aguante, los muertos abandonados en las calles. El patriarca Giovanni Tiepolo decidió que las oraciones públicas debían ser celebradas en toda la ciudad del 23 hasta el 30 de septiembre de 1630, en particular en la Catedral de San Pietro di Castello, sede patriarcal. A las oraciones tomaron parte el Duce Nicolò Contarini y todo el Senado. El 22 de octubre, se tomó la decisión de que durante 15 sábados una procesión en honor de Maria Nicopeja debía tener lugar. La peste però seguía matando, y solo en el mes de noviembre, se registraron casi 12 mil víctimas. Los ciudadanos seguían rezando a la Virgen y, así como ocurre en 1576 con el voto al Redentor, el Senado decidió construir una iglesia dedicada a la Santísima Virgen, llamada “Santa Maria della Salute”. Además, el Senado decidió que cada año después del fin del contagio, el Doge tenía que visitar a la iglesia, en memoria de la gratitud a Nuestra Señora. En enero de 1632 comenzaron los trabajos de construcción, en el área cerca de Punta della Dogana. En el mismo momento la peste finalmente empezó a desaparecer. La epidemia puso de rodillas a toda la República Serenissima, con casi 50 mil muertos solo en Venecia y 700 mil en todo el territorio en dos años. La iglesia se inauguró el 9 de noviembre de 1687, medio siglo después de la propagación de la enfermedad, y el día de la recurrencia se trasladó oficialmente al 21 de noviembre.

El juramento hecho, también se recuerda en la mesa. Solo durante una semana al año, con motivo del día de la “Madonna della Salute”, de hecho, se puede comer la “castradina”, una comida compuesta de carne de carnero, nacida como homenaje a los territorios de Dalmacia. Durante la pandemia, de hecho, solo los dálmatas continuaron abasteciendo a la ciudad, llevando carne de cordero ahumada. El cordero se arreglaba casi a semejanza de los jamones de hoy, salados con sal, pimientos, clavos, bayas de enebro y flores de hinojo silvestres. Después de la preparación, la carne se hacía secar, se ahumaba y se colgaba fuera de las chimeneas como mínimo durante cuarenta días.

Sobre el origen del nombre “castradina” existen dos versiones: la primera hipótesis es que provenga de la palabra “castra”, o sea los cuarteles, y los depósitos de los venecianos esparcidas por las islas donde se solía guardar los alimentos destinados a las tropas y a los marineros. La segunda hipótesis es que provenga de la palabra “castrà”, un término popular que se refiere al carnero castrado. Hornear este plato es bastante difícil porque necesita de una larga preparación, que dura tres días así como la procesión en memoria del fin de la peste. De hecho, la carne se hierve tres veces en tres días, para permitir su purificación y hacerla tierna, se procede entonces con una cocción lenta, durante horas, con la adición de repollo que la convierte en una sabrosa sopa.

Venecia a la conquista del mundo con las perlas de cristal, objeto de culto y de intercambio a lo largo de los siglos

5 de noviembre 2021 – Bonitas, llamativas, deseadas, sofisticadas, alrededor del cuello de las mujeres en el mercado y de los hombres como indicado de censo o de casta, presentes el los santuarios vudú y en los entierros, usadas en ceremonias tribuales, de iniciación y religiosas, coleccionadas y catalogadas. Se trata de las perlas de cristal, objeto de intercambio y de culto desde hace milenios, hoy en día, preciosos collares llevados puestos en cada ocasión. Intercambiadas con oro, marfil, esclavos. Y con un puñado de perlas, en 1626, parece que el olandés Peter Minuit compró a los indianos la que hoy se conoce como la isla de Mahhattan. Una historia perdiéndose en las brumas del tiempo, la de las perlas. Augusto Panini es considerado el máximo experto de este sector, reconstituió esta tradición por sus propias curiosidad y pasión. La colección está compuesta por la mayor parte de “trade beads”, perlas comerciales, preciosos testigos de contacos mercantiles, religiosos, y culturales de África Occidental con Egipto, Siria, Persia, India, Olanda, Inglaterr, Francia y, también, Venecia a partir del siglo VIII hasta el XX.

“De cierto momento de mi carrera de empresario textil, a finales de los años 70, estaba en Nigeria y Benin para vender pañuelos de poliéster para las comunidades afro-islámicas – cuenta – Un comercio dificil expandiéndose y teniendo grandes potencialidades.  Enseguida, me quedé encantado al ver el ambiente de esos lugares que estaban obteniendo poco a poco su independencia y apenas reconquistándose su propia identidad post-colonial. Nigeria, en aquel tiempo, era riquísima gracias a la extracción extraterrtorial de petróleo, aunque el pequeño estado del Benin solo podía contar con el comercio: país encantador y conectado con las tradiciones tribuales, el vudu era y aún es la religión oficial del estado; los pequeños pueblos  del norte vivían realidades medievales en las que la alternacia de las estaciones regularizaba el flujo de los pastores y de los pescadores nómadas, y donde los soberanos locales gestionaban pequeños reinos independientes. Ese mundo me echizó. Descubrí hasta que desde hace más de diez siglos comerciaba con la costa del Mediterráneo y con el Medioriente y que, entre la mercancía mayormente importada, estaban las perlas de crstal. Esas perlas hasta el siglo XV se producían en Egipto y en el cercano Oriente y, luego, en Venecia”.

De esa manera, Panini empezó a recoger las perlas de cristal por los mercados y por los pueblos, para comenzar un meticuloso trabajo de catalogación al intentar atribuir una proveniencia y una historia perteneciente a ellas. A través de las investigaciones en areas saharianas y sub saharianas, a menudo, encontraba perlas de piedra y concha resalientes al periodo del Sahara úmedo, entre 8.000 y 2.500 a.C.. El uso de objetos esféricos pinchados para ensartar en ellos hilos de rafia entralazados o de piel remite, port tanto, al neolítico.

“Alrededor del milenio III a.C., en Egipto, fusiones incompletas de arenas silíceas mezcladas con minerales coloridos servían para producir pequeñas perlas coloridas o a cubrir perlas de esteatita sin color para darles brillo y color – explica – los fenicios, ciertamente, fueron lo primeros grandes mrcantes de jarritos, como de lacrimatorios y de frascos de perfumes, y de perlas de cristal a lo largo de todo el periplo de Medrierráneo, seguidos por los romanos los que dieron a conocer las perlas de cristal que se producían en Alejandrís de Egipto y en Tiro hasta llegar a todas las provincias del imperio, desde Britania hasta Dacia”.

Los califatos árabes también fueron grandes productores de perlas desde el siglo VIII hasta el XV, de hecho, las exportaron a África Occidental, además de a Sahara en los imperios de Mali, con las que pagaban oro, marfil, madera preciada y esclavos. También las difundieron hasta en Persia y Afghanistan a lo largo de la Ruta de la seda, comprando mercancías preciadas como el ámbar báltica, artefactos de latón, tejios preciosos, y las perlas de cristal revelándose enseguida my apreciadas desde hace los primeros años de instauración dentro del nuevo mundo. Hernan Cortés llevó en homenaje a la corte de Montezuma un collar de perlas de cristal Rosetta, la que va a aperecer un siglo después en la lista de los bienes cedidos por el gobernador holandés Peter Minuit a los indianos Lenape tras la adquisición de Manhattan, a cambio de 60 florines holandeses. A continuación, los comerciantes de piel de castor empiezan a considerar muy ventajoso el hecho de pagar los pieles rojas de Norteamérica con perlas de cristal de Venecia usadas para adornar sus sombreros y pectorales que, hasta entonces, se bordaban con bolitas de conchas blancas y grises. Este acontecimieno cambió drásticamente las costumbres de los indianos de América que, gracias a los colores llamativos de los abalorios venecianos, llegaron a ser polícromas, tal y como ocurró en Kenia y en Sudáfrica ante los Samburu, los Masai, y los Zulu.

Perlas que se usan como pantallas, con mosaico, sopladas, sumergidas, con forma de ojos, de espiral, de bandera, de peine, monocromas, plumadas, de lunares, sinusoidales, enlucidas, con figuras, con murrinas, o bien, con los célebres abalorios, con las margaritas o las mil flores: un universo de colores y técnicas concentrado en pocos milímetros constituyendo un objetito tanto decorativo como bonito con el que Venecia ha conquistado el mundo, a lo largo de sus 1.600 años de historia. La República de la Serenissima, sobre todo Murano, beneficiaron al menos de trescientos años de próspero comercio transoceánico en que las perlas de cristal encuentran compradores en las Américas, en África, en Medio Oriente, y en India. “Gracias a la fantasía y a la capacidad de los maestros vidrieros venecianos que fueron capaces de interpretar las necesidades de etnias diferentes, reproduciendo los arquetipos antiguos pedidos, pero especialmente proponiendo exitosamente modelos venecianos únicos. Fue el momento en que las perlas de cristal de Murano llegaron a ser las más sofisticadas y preciosas, llevadas puestas, atesoradas, y transmitidas de generacióm en generación – subraya Panini – En Ghana todavía es posible participar en eventos formales en las embajadas o en sedes institucionales notables de alto rango en los cuales llevar colgadas del cuello antiguos collares de cristal veneciano como marca distintiva del propio linaje”.

Hasta el siglo pasado, Murano contaba fábricas de perlas de cristal con más de miles de dependientes con una entrada de al menos diez mil de mujeres encargadas de decorar y de infiltrar las perlas y los abalorios. Hoy en día, la producción ha disminuido considerablemente; de todos modos, todavía la perla de valor se propone come elemento decorativo para los bolsos, los zapatos, y accesorios para el pelo. Muchos son los diseñadores de nivel mundial que, a menudo, adoptan las perlas para realizar collares de oro preciosas, así que se devuelva al cristal su valor de material precioso, como siempre ha sido a lo largo de los siglos pasados.

 

 

La historia de la Fiesta de San Martín y las tradiciones populares de una celebración veneciana muy antigua

Venecia, 9 de noviembre 2021 – Perfume a castañas asadas y de vino nuevo, cucharas de madera golpeteando las tapas de aluminio de viejas ollas, o de latas convirtiéndose en tambores. Los escaparaets de las pastelerías y de las mejores panaderías venecianas exponen los súper coloridos dulces de San Martín: galletas de masa quebrada, con diferentes dimensiones representando la forma del Santo y su caballo con la espada en la mano. Típicamente están decorados con glaseado, caramelos, monedas de chocolate, y las típicas pelotitas plateadas llamadas “spaccadenti” (rompe-dientes). Grupos de niños recorriendo las calles venecianas llevándose una corona de papel sobre la cabeza, cantando a voz en cuello la cancioncita de San Martín. En Venecia, el 11 de noviembre, se celebra así: calles llenísimas de ruido y de voces alegres de niños estando de fiesta. Lo que hacen los niños, asimismo, es pedir a los comerciantes algún caramelo o monedita. 

En Venecia, la costumbre de celebrar el Santo tiene conexión con la presencia de a iglesia dedicada a San Martino di Tours, en el “sesitere” (barrio típico veneciano) de Castello, cerca del Arsenal. Todavía no se conoce exactamente en qué época se fundó la iglesia: algunos sostienen que remonta al siglo VIII, gracias a colonias longobardas o a familias ferrareses escapadas del su país de origen. Según la tradición, en cambio, parece resalir a los siglos VI y VII. Ciertamente, se sabe que la devoción hacia el Santo patrono surge cuando la iglesia guardaba algunas reliquias del caballero converso, entre ellos un trozo de túnica, una falange, y una tibia. Esta última fue entregada a la Scuala Grande di San Giovanni evangelista a cambio de una cantidad de dinero útil para la restauración de la iglesia, y sin embargo, de la obligación de volver a traer la reliquia a través de una larga procesión a lo largo de Venecia, a partir de la Scuola Grande di San Giovanni hasta la iglesia de San Martino. El Santo está presente también en algunos elementos exteriores de la iglesia misma: en la parte superior del aguilón, en el extremo, se ecuentran las estatuas de San Martino Vescovo y de San Martino Papa, mientras que a la derecha hay un bajorrelieve del siglo XV representando San Martín al donar su capa al pobre hombre. 

La celebración de San Martín está conectado a una leyenda antigua en la que se destaca el protagonista caballero, Martino di Tour, cristiano converso. En un día de noviembre, con frío y lluvia, Martín encontró, en su camino, un pobre hombre cubierto de harapos y temblando por el frío. Martín no tenía dinero consigo y, no sabiendo cómo ayudarle, cortó su capa en dos  y se lo donó al mendigo para que se calentara. Tras esta acción benévola, de pronto, el cielo se volvió limpio, paró de llover y salió el sol, como si fuera verano. A través de esta leyenda deriva la definición “verano de San Martín”, frase con la que se hace referencia a los días calurosos y serenos de noviembre. Martín, durante la misma noche, tiene un sueño en que reconoce Jesus en la figura del mendigo; al despertarse volvió a encontrar su capa intacta. Martín se murió el 8 de noviembre del 397 y su enierro se celebró el 11 de noviembre, datación simbólicamente crucial para el acmino interior perseguido por cada cristiano hacia la Navidad. Contrariamente, según la tradición regional italiana, esta ocasión se convierte en una celebración popular.

De esa manera, en la ciudad de Venecia y también en los demás territorios de la provincia, desde hace algunos años, ya se ha vuelto típica la preparación del dulce de San Martín, antiguamente inventado por los panaderos venecianos y siempre presente en las mesas de los habitantes. En el pasado, la forma de la galleta tenía dimensiones menores, con una masa quebrada más crujiente respecto a la actual y con una capa de chocolate; hoy, en camio, la masa quebrada es mucho más friable y está adornada con muchas decoraciones: del glasseado real a los chocolates, de los confites multicolores a los caramelos por cada color y consistencia.

A diferencia del centro histórico y de las islas, en muchas fracciones del Ayuntamiento de Venecia se celebra San Martín recordando el así llamado “capodanno contadino” (año nuevo campesino). Su característica principal es la de celebrarse a lo largo de las calles comiendo castañas y bebiendo vino, en el periodo en que se acaba la coshecha y la gente descansa después del duro trabajo a contacto con la tierra. En el mundo de la agricultura, de hecho,  la celebración de San Martín está conectada a la tradición, en este periodo, del espitado de los barriles del nuevo vino de añada. Por consiguiente, nace la expresión “A San Martino ogni mosto diventa vino” (En San Martín cada mosto se convierte en vino).

 

 

4 noviembre 1966: hace 55 años la inundación que devastó Venecia alcanzando 194 cm de altura

Venecia, 4 de noviembre de 2021- 55 años han pasado, pero la memoria sigue intacta, y la herida siempre está abierta. El 4 de noviembre de 1966 Venecia fue casi totalmente sumergida por el agua del Mar Adriático en una tormenta. Un día que registró una condición meteorológica excepcional, que provocó enormes daños, civiles e hidrogeológicos en la mitad de Italia, desde la devastación de las montañas hasta la inundación del Arno en Florencia. Un agua tan alta que no hay memoria de un episodio anteriormente de dimensiones similares: 194 cm sobre el nivel del mar, una altura tocada solo el 12 de noviembre de 2019 con 187cm, otro dia que queda impreso en la memoria de los Venecianos, cuando por solo 7 centímetros, el 1966 no fue replicado. 

Un potente siroco, y el centro histórico de la ciudad empezó a ser lleno de agua, ya a las 10 de la tarde del 3 de noviembre: de acuerdo con las reglas astronómicas, a las 5 de la mañana siguiente la marea debería haber retrocedido, para volver a subir seis horas más tarde. Pero ese no fue el caso. La laguna no pudo drenar el agua, que cayó solo unos pocos centímetros, así Venecia y las islas se inundaron. Al mediodía la marea aumentó aún más. En las casas se cortaron los teléfonos, la electricidad, y el gas. Las botas de agua, a las que los venecianos están tan acostumbrados, ya no eran suficientes, no se podía pasar y las plantas bajas desaparecieron bajo las aguas heladas del mar y de la laguna. 

Seis horas más tarde, a las 6 de la tarde, Venecia tuvo que enfrentar la prueba decisiva: una vez más, en lugar de bajar, la marea comenzó a subir. En la oscuridad total, en un silencio abrumador, interrumpido solo por el ruido de la marea, Venecia y las islas fueron devastadas. La isla de Sant’Erasmo, frente a la desembocadura del puerto de Lido, desapareció bajo el agua, y el mismo destino fue para las islas de Murano, Burano y Torcello, mientras que en el Lido y Pellestrino los daños fueron enormes, con la destrucción de la imponente presa de piedra de Istria diseñada en 1716 con el fin de defender las orillas de la laguna de la erosión del mar, y cuya destrucción contribuyó a la inundación del centro histórico. 

Un equilibrio perfecto de 1600 años, interrumpido en ese momento, entre la desesperación de los habitantes, incapaces de hacer frente a algo más grande que ellos. 

Después de 24 horas de devastación, fue sólo alrededor de las 9 de la tarde que las aguas empezaron, contra toda esperanza, a retroceder. Así como había subido, la marea se fue de la ciudad, dejando atrás solo desolación.